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Los países emergentes

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Hoy en día suenan más que nunca los denominados países emergentes. Con China a la cabeza, otros países como India, Irán, Brasil e incluso Venezuela parecen reclamar su protagonismo en el mundo y la porción del pastel económico que les corresponde. Hasta Rusia parece resurgir de sus cenizas: en cierto modo es una gran potencia dormida o, mejor dicho, adormecida por el anestésico capitalista. ¿Y a qué se debe este poder o supuesto poder emergente? La Globalización ha repercutido en la deslocalización masiva de los mercados, de la industria, del dinero, etc. Todos los agentes financiero-económicos han puesto su punto de mira en esos países e invierten en ellos alegremente: ya sea por una mano de obra más barata, por sus recursos naturales, por unos intereses más altos que pueden sacar un mayor rendimiento económico al dinero, por una bolsa de consumidores por explotar muy alta, etc. Es un mercado virgen, un paraíso para el capitalista sin escrúpulos que espera que su dinero crezca en nuevas tierras: en Economía equivale al descubrimiento de América por Cristóbal Colón y su séquito. La Globalización, pues, puede haber repercutido en estos “nuevos” países de forma positiva.

Cuando un empresario traslada sus fábricas de un país occidental a uno menos desarrollado no solamente repercute en las tasas de desempleo del país emisor de capital, sino en una plusvalía mayor para el propio empresario, que ve cómo una mano de obra más barata y explotable le hace el mismo trabajo. Si los bancos e inversores depositan el dinero en esos mercados con intereses más altos la hucha de los llamados emergentes se llena. Entonces, ¿no repercute la avaricia de occidente a que estos países crezcan? Pues parcialmente sí, pues los inversores de los países desarrollados ven en estas economías crecientes un terreno de capitalismo salvaje donde todo vale: la explotación de los trabajadores, por ejemplo, es mucho mayor y legal. Digamos que el terreno presenta menos obstáculos.

¿Pero constituyen las economías emergentes un nuevo poder? Es difícil precisarlo. Sin duda alguna, lo que parece claro es que el movimiento del dinero a escala mundial tiene cierta tendencia a ser absorbido por esos países emergentes y que su desarrollo puede estar relacionado con esta nueva tendencia, acelerada con los nuevos cambios que supusieron la asunción de la Globalización: un paso adelante del libre mercado.

Al final resulta que es como con las fábricas trasladadas a países más pobres por una mano de obra más barata. El dinero, tan inteligente, siente la necesidad de trasladarse a manos que crezcan a un ritmo mayor. Y si bien esto que digo es lo mismo que dije antes, no lo hago caprichosamente, sino para dar pie a que es posible que esta tendencia afecte a Occidente. Para empezar, Occidente no puede competir en mano de obra; una mano de obra que si bien es mucho más cualificada es menos barata. Y por otro lado, el dinero no tiene garantías de crecimiento tan atractivas. Esto repercute en desempleo, en que las garantías sociales se desestabilicen y a que vivamos con un mayor grado de incertidumbre. Occidente le ha dado al niño pequeño un millón de dólares, lo ha escondido en el jardín y se está partiendo de risa a nuestra costa.

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