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Vivo en un país

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(...) Julius Evola reafirma que él no se dirige a las masas, sino a los "egregori" (los "guardianes", en griego clásico): a aquellos que llevan en sí mismos la idea de una regeneracióna aquellos que son capaces de permanecer siempre de pie entre las ruinas. A los hombres bien nacidos Evola les dice que es inútil resistir directamente al caos ambiental: la corriente es demasiado fuerte para ser encauzada. Es mejor esforzarse en tomar el control de un proceso ya inevitable. 

Alain de Benoist

Vivo en un país que se cae a pedazos. Nos roban todo, desde el futuro hasta la salud. No hay excelencia, todo es mediocridad. Cuando digo todo no me quiero referir a todo, pero todo es cuando la mayoría gobierna: tantos años de democracia deberían demostrarnos que socialmente ha fracasado, puesto que los españoles han devenido en una sociedad arruinada, fallida...; pero nadie lo ve, por ceguera, por exaltación del propio mito que cada cual cree, se inventa o piensa sobre lo que es la democracia o una sociedad ideal. Al final todo se traduce en el sacrificio del liderazgo de los mejores (aristocracia) por la libertad de todos, pero el todos aquí ya adquiere niveles absurdos: ahora sí que todos significa todo el mundo, un todos que no sabe qué hacer con toda su libertad; sólo perderla en un centro comercial, en un bar o en otros lugares de espacimiento.

Vivo en un país donde todos dicen ser libres y tener derechos; tanto debe ser así que no reclaman ninguna otra cosa: excepto compromiso. Vivir sin trabajar o mangonear de aquí y de allá, en hacer la pelota a este para ver si me da trabajo, en me da igual que me echen porque tengo dos años de paro… en eso se basa todo, en la ley del mínimo esfuerza o del no esfuerzo, en la ley del sofá. A que te dejen tranquilo lo llaman liberad, y eso no es libertad; vivir tranquilo es una cosa, ser libre es otra. Se puede estar tranquilo y no ser libre. Y aún así la libertad es tan efímera… La libertad es como una estrella fugaz: es un desvanecimiento, una chispa sin consecuencias. Un hombre libre es un hombre que vive por nada, que vive al final esclavizado por una forma de entender la libertad. Un hombre comprometido con algo puede cambiar el mundo, pues no sólo le da sentido a su vida, sino que se lo puede dar a la vida de los demás. Y tal vez esto no se entienda, ¡pero me importa tan poco que no me entiendan! Quien pueda ver, verá.

Vivo en un país donde los más listos y más capaces son objeto de burlas, como si todo atisbo de superioridad fuera insultante. Vivo en el país de la titulocracia, donde el único argumento de muchos contra otros es: “oye, yo tengo estudios universitarios”; pero luego son defensores de la igualdad, jajaja.... Pero que yo sepa la inteligencia no la regalan en ninguna parte, y en las universidades sólo salen borregos cualificados para ciertas funciones. Pero así es el país de los presumidos, del yo tengo más, del yo la tengo más grande... un país de acomplejados, de pedantes, de hipócritas, de presuntuosos... ¡qué poco conocimiento de sí mismos y qué poca honestidad! Supongo que esto es extrapolable a cualquier otro país rendido a la modernidad donde el talento juega un segundo o tercer lugar.

Vivo en un país donde la gente mira a otro lado, huyendo de los problemas. España parece Constantinopla, donde el sexo de los ángeles parecía más importante que la integridad del territorio, del pueblo, de la nación. Es que España es una realidad en descomposición, ¿nadie huele las flatulencias? ¿Nadie siente los estertores? España se muere.

Vivo en un país llamado España donde casi nadie quiere ser español. Ya nadie siente España, no siente su origen ni ve en ella una proyección. La multiculturalidad y toda visión universalista se abren camino eliminando las realidades nacionales, hasta el punto de convertir los territorios donde antaño vivían los diferentes pueblos, en simples parcelas con sus propios administradores. Ser de un país será como ser de cualquier otro sitio. Para toda esta aniquilación ha hecho falta mucho odio: pero para ellos quienes odian son los demás.

Vivo en un país donde ya no hay héroes, en un mundo que carece de la fuerza inspiradora de los grandes ídolos. Los que hubo, vivos en los mitos, son mirados con desdén. En ellos encuentro una sabiduría sagrada, en ellos encuentro situaciones, voluntades, ideas, metas, poesía, arte, excelencia… sobre todo encuentro ejemplos a seguir. El mundo en realidad no ha progresado. El progreso simplemente es una forma de ver el tiempo y el espacio: no significa un más a mejor necesariamente. En términos cualitativos el mundo antiguo era mejor, un mundo ascendente: tiene que ser forzosamente así, los hombres antiguos eran hombres que habían superado la muerte -eran conscientes de que volverían, de la eternidad...-, que estaban dispuestos a morir por aquello que amaban; hoy ver a un hombre que se alza de tal forma sería encerrado por loco. Y sí, los hombres y mujeres eran mejores aunque en aquellos tiempos también sufrieran de las mismas miserias mundanas de la actualidad, pero entonces no era la norma, había vergüenza. Y de ellos recordamos un legado, de nosotros ¿qué recordarán? Uno sólo es grande si no le olvidan, un pueblo es grande si no le olvidan… ¿y merecemos ser recordados? ¿España merece ser recordada? Seremos como la libertad: una estrella fugaz más. Sin mitos, sin héroes, simplemente racionalizados, economizados, esclavizados por números, por las rebajas, por la televisión, por los medios de comunicación, por el miedo, el terror… ¿qué mundo hemos creado? ¿De verdad queremos esto? ¿Esto querían nuestros abuelos para nosotros? Mi generación parece que será la primera en vivir peor que la de sus padres, pero también la primera que no luchará por el porvenir de la siguiente generación.

Vivo en un país, sí. Vivo en un país que quizá merezca perecer, que quizá deba arder. Seamos realistas, miremos a nuestro alrededor, ¿tiene España alguna solución? Y si la hay, ¿hay voluntad para ello? Que muera España, de las cenizas siempre surgen oportunidades, quien sabe si nuevos mitos, nuevos dioses y nuevos hombres ajenos al desaliento y a la mediocridad, elevados y temibles por los débiles y malogrados... Mientras tanto nosotros, aislados, hombres más o menos conscientes, tenemos que resistir, mantenernos de pie sobre las ruinas, aunque recibamos cientos de golpes y puñaladas. Solitarios contra todos...

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