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El antifascismo: Esa ideología/actitud totalitaria

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Occidente no es ni un pueblo ni una cultura, sino solamente un sistema de civilización, el statu quo de una ocupación anímica y geográfica del planeta. Esta «civilización» no es más que la expresión y el receptáculo del judeocristianismo y de las ideologías nacidas de su seno, que en la actualidad se constelan en el universalismo y el igualitarismo. La evolución de esas ideologías se puede analizar en sus conexiones capitalistas y colonialistas (actores históricos indispensables en la propagación mundial del Evangelio por los misioneros), en las manifestaciones liberales e individualistas del homo economicus (ramificaciones laicas de una concepción antropomórfica del yo desligada de sus vínculos identitarios) y, finalmente, en sus combinaciones marxistas y colectivistas (porque el modelo de sociedad comunista encuentra su arquetipo en el ideal social sin clases del cristianismo de los orígenes).

Pierre Krebs, La lucha por lo esencial

LA NOTICIA:

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En Occidente, ese concepto que delimita las fronteras del Imperio estadounidense, usurpando la soberanía nacional de los pueblos europeos y de otros tantos países y pueblos del mundo, el antifascismo es la ideología de masas por excelencia que te presionará y te obligará a condenar y a odiar aun desconociendo la realidad histórica. Ahora, Gallardón, pretende poner en marcha una ley donde la apología del fascismo será delito. Lo hace un gobierno de derechas, a quien la "izquierda", incluido el Partido ¿Socialista? ¿Obrero? ¿Español?, dice que se queda corto. Bien, puestos a criticar decir que el PSOE ha tenido muchos años para hacer algo así, y supongo que son tan vagos que el simple hecho de poner a trabajar a la justicia española, aunque sea para algo tan canalla, les cuesta. Pero no piensen que defiendo al Partido Popular (PP), no, sencillamente pongo bajo relieve el teatrillo, ese teatro infantil, de marionetas, donde la única discusión que existe es que si uno dice que SI, el otro automáticamente debe de decir NO, y si los dos dicen SI, pues oye, uno debe insistir en que se queda corto, en que uno debe ser más SI que el otro, como es el caso. Y es que en la escena política española no hay en realidad confrontación política, sino discusiones entre personas antifascistas con diferentes posicionamientos dentro de la pluralidad (una mano: cinco dedos; una ideología -el antifascismo-: diversas corrientes) que exige toda democracia escenificada. Si puede haber, sin embargo, cierta confrontación en algunos países europeos, donde existen partidos nacionalistas más o menos fuertes, inspirados o no en el fascismo en mayor o menor medida. ¡Pero qué digo!, ¿partidos genuinamente fascistas hoy en Europa? El nacionalismo no es inspiración fascista, sino que es el fascismo una inspiración nacionalista en su tiempo: el fascismo nació cuando Mussolini se hartó de Moscú. El nacionalismo es el único freno a la mundialización, lo mismo que fue el freno a los intereses internacionalistas de Moscú durante los años veinte y treinta.

Que el PP lleve a cabo una ley de tal naturaleza, que pretende condenar la apología del fascismo, es buena para el fascismo histórico; y no piensen que lo hacen por sentimiento de culpa -como sostiene el izquierdismo antifascista-, sino porque efectivamente el PP es antifascista, como buenos liberales pro-atlantistas, amigos incondicionales de los victoriosos de la Segunda Guerra Mundial. Si el PP es la derecha en el espectro político-moral escenificado en España, por fin algo de coherencia habrá en este rincón ibérico y por justicia el fascismo ya no podrá estar ligado a la derecha, ni siquiera a la extrema derecha: pero este detalle será obviado por el interesado antifascista izquierdista, que seguirá llamando fascista a lo que le plazca.

La extrema derecha es algo fácil de encasillar, tanto que cualquiera podría ser de la extrema derecha, ya que se ciñe casi exclusivamente al énfasis nacionalista, religioso o a lo que no les gusta. Los comunistas también han hecho mucho énfasis en el nacionalismo y en su religión profana (marxismo: judeocristianismo con paraíso prometido en el más acá y no en el más allá) y supongo que será por la escenificación de la hoz y el martillo o de un Che diciendo "Patria o Muerte" que nadie se atreve hablar de ellos en un sentido de extrema derecha.

El fascismo fue derrotado en 1945, junto con el nacionalsocialismo. Dos corrientes ideológicas que no tienen parangón y que nadie ha sido capaz desde su muerte histórica de emular. El fascismo y el nacionalsocialismo tienen esa originalidad que surge en un momento concreto con una masa humana concreta. El fascismo y el nacionalsocialismo surgieron cuando tenían que hacerlo, como reacción a las abusivas cláusulas del Tratado de Versalles y al modernismo decadente, que entonces ya se respiraba en las sociedades más complejas. Fueron dos movimientos europeos: el fascismo con un carácter más ecuménico y universal (aspiraba a ser un modelo para todos los pueblos); el nacionalsocialismo con un carácter puramente exclusivista y alemán. Ambas corrientes se aunaban en el socialismo, y este socialismo no era un reclamo absurdo: era real. Cierto es eso que llaman derechización del fascismo, pero sólo podemos hablar de derechización del fascismo en el sentido de que efectivamente no se llevó a cabo un fascismo real, originario: social, revolucionario, proletario...

En España, sin embargo, nunca hubo fascismo, y eso puede explicar la supervivencia del estado franquista. La única propuesta realmente similar al fascismo o al nacionalsocialismo venía con la figura de Ramiro Ledesma Ramos, que murió a comienzos de la guerra. El fascismo español muere con él y luego los mejores hombres de la falange revolucionaria, la de verdad, mueren en el Este, con la División Azul, o son perseguidos por Franco, o son ninguneados. En España hubo un golpe militar, no un golpe fascista. ¡Qué más quisiera Franco ser fascista! Con Franco tuvimos cuarenta años de nacional-catolicismo, el dominio doctrinal e ideológico de la Iglesia y la caricaturización de la falange, que ensuciada en su pureza con la puesta de una gorra carlista, fue convertida en esa imagen casposa que hoy todos tienen en su imaginario. Pero la Falange de Franco no fue el falangismo de Ledesma, me atrevería a decir que ni siquiera fue el de José Antonio Primo de Ribera, figura impunemente instrumentalizada por el franquismo para sus fines propagandísticos, a falta de mitos a los que rendir culto. Con Franco, en definitiva, tuvimos eso, la Falange de Franco.

Entonces, el antifascismo en España como fenómeno surge de un desconocimiento de la historia española. ¿Dónde está el fascismo en España? Dicen que porque Italia y Alemania defendieron el Frente Nacional en la guerra civil española Franco era fascista. ¿Tan difícil es entender que había intereses comunes? ¿Alguien cree que el Gobierno norteamericano sea islamista por el simple hecho de que financie a terroristas en Siria y lleve una política proislamista en Oriente Medio y en el norte de África? No. En ello hay muchos intereses, y Estados Unidos financia a quienes le conviene. Con esto quiero decir que en su contenido el franquismo, el nacionalsocialismo y el fascismo son entre sí fenómenos distintos, con fines que convergían y también con caracteres propios en común; pero puestos a encontrar caracteres de cada ideología que conecten entre sí, pues el nacionalsocialismo y el fascismo poseen cierta idiosincrasia que en ocasiones puede recordar al comunismo soviético (y viceversa); de hecho Stalin enfatizó en la patria y se hizo poco internacionalista, sobre todo durante la guerra; de la misma forma que el nacional-catolicismo franquista puede estar emparentado con el liberalismo más conservador, patriotero y burgués; y sin embargo cada elemento es un fenómeno con identidad propia. Como me comentó una vez León Riente: "Todo régimen se ve en la necesidad de buscar y encontrar aliados en el exterior. Desde 1959 el principal aliado de España en el exterior fue Estados Unidos, y esto no significó que el franquismo fuera desde aquél año un fenómeno político similar al régimen político estadounidense." Y añado que no por ello la democracia imperial norteamericana fuera de carácter franquista.

Entonces, ¿cómo surge el antifascismo en España? Pues obviamente bajo el reduccionismo. Fascista es todo régimen autoritario no democrático o todo tipo de ley y/o norma que "no le gusta" al hombre de turno que profiere la palabra fascista. ¿Y por qué es totalitario el antifascismo? Porque su lucha es a muerte, pretende reducir toda semilla que pueda provocar aquello que llaman fascismo a polvo: no sólo no quieren que no se hable de fascismo sino es para condenarlo, sino que pretenden hacerlo desaparecer, extinguirlo: y para ello necesitan el marxismo cultural, que eliminará todo rasgo de pertenencia étnica. La única pertenencia posible será la lucha antifascista. Y dicen que fascistas son los poderosos, pero esos de abajo y los de arriba luchan por lo mismo: contra el fascismo, por la globalización, por la inmigración...

El antifascismo domina todo. Todo huele a antifascismo. Con dicha tendencia la democracia se vuelve opresiva, como forma de poder que es. Porque ahora si vas a tener que obedecer de verdad el dogma democrático; así lo quiere Gallardón. Tendrás que obedecer sin más, por miedo a ser tachado de fascista. No podrás hablar de fascismo sin condenarlo, ni podrás criticar la inmigración masiva o denunciar ataques racistas contra los blancos, ni podrás atacar al comercio chino, ya que eso podrá ser calificado de conducta racista y, en consecuencia, fascista, lo cual te podrá acarrear cárcel o multa. El antifascismo será una buena forma de beneficiar a los intereses del capital, mientras se tiene bien alimentado el ego antifascista del izquierdista, ese tipo humano piadoso envuelto ilusoriamente en una gran superioridad moral, ¡ese tonto útil del capital!

El antifascismo es en sí mismo violento y malhumorado: ¡qué poca alegría, y qué sacerdotal! Lleva consigo todo lo peor del ser humano. Todo -ismo, cuando se apodera de la persona, suele actuar con esa virulencia; pero es que el único contenido del antifascismo es el odio, el odio al fascista, lo que anima a ver fascistas donde no los hay. Por lo tanto el antifascismo es una corriente emocional carente de todo mensaje político (corpus doctrinal, para que se entienda) o de exclusividad, y por ello es capaz de modelarse en o modelar a cualquier tipo de persona; su fuerza radica en la condena moral y en fortalecer el mito del Mal Absoluto, ¡una orgía de odio de dimensiones religiosas promulgado por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y continuada por sus hijos adoctrinados! Antifascista es tanto el PSOE como el PP, ETA e IU, CIU, el PCE, El País, El Mundo, La Razón, Intereconomía, La Tuerka, FEMEN, etc. Incluso los partidos nacionalistas no se llaman a sí mismos fascistas, porque por un lado sería casi ilegal (por ahora) o un suicidio político, y por otro porque realmente no lo son. Existe una corriente nostálgica, una corriente de personas que ven esperanza en que vuelvan esos tiempos, pero eso es absurdo: el fascismo y el nacionalsocialismo como fenómenos ya tuvieron su momento. Para que volvieran debería darse la misma realidad objetiva que existió allá en 1919 y que el ambiente perdurara hasta el triunfo de ambas tendencias: hasta debería darse el mismo tipo humano de aquel tiempo. Si algo caracteriza al fascismo histórico es su exclusividad fenomenológica en el tiempo. Lo que venga, de carácter nacionalista, podrá ser lo que sea, inspirado o no en los años veinte y treinta, pero tendrá su propio carácter exclusivo. Y si no lo tiene es que entonces estamos condenados a vivir siempre en el pasado, y por ende, en el fracaso: El fascismo fue movimiento, no estancamiento. Aspiramos a ser lo nuevo, aspiramos a hacer historia, y si lo que se pretende es hacer resurgir el fascismo ideológico, que al menos sea regenerándolo, cargándolo de un nuevo valor y de la realidad que nos envuelve para que ésta sea combatida y transformada, tarea que con mayor o menor acogida afronta el intelectual español Jaume Farrerons desde la izquierda.

Soy de la opinión de que esta ley que quiere llevar a cabo el Partido Popular no es de ninguna forma antidemocrática. Claro que no, así que quítense las manos de la cabeza, no me abucheen. Es una ley a la medida de la democracia actual, que como forma de poder defiende sus intereses ideológicos y las rentas que con tal sistema se consigue. ¿Qué se pensaban que era o es la democracia? Aquí la tienen, la utopía no tiene nada de democrática, no es su naturaleza. ¡De la misma forma que el Mal Absoluto no reside en el fascismo, el Bien Absoluto no lo encarna la democracia!

 

Os han engañado... moralmente.

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