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El carné

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El otro día mientras me duchaba pensaba en los dichosos carnés

Porque será por carnés y tarjetitas. Que si el DNI, que si el NIF, que si el pasaporte y la tarjeta de la SS (Seguridad Social, aclaro), la cartilla del perro, el justificante del chip, un permiso para conducir y otro para circular (reto al cristiano que pueda hacer una cosa sin la otra), una tarjeta para la ITV, otra con la ficha técnica y la tarjeta de la ORA para que, si la suerte te acompaña, puedas aparcar en la puñetera calle sin volver a pagar a la administración.

Carnés para todos y para todo. Para cualquier actividad laboral, carné. Por nuestra seguridad, dicen. Y así nos obligan además a obtener (previo el pago de suculentas tasas) carnés que van desde el de "manipulador de alimentos" al de "sustancias peligrosas".

Pero algo falla cuando una día me acerco a la gasolinera de siempre y echo en falta al gasolinero de toda la vida, que sin duda estará haciendo cola en el INEM, y al acercarme a la simpática caribeña que regenta la tienda de la gasolinera para solicitarle que me llene el depósito me indica que es el propio cliente el que debe efectuar la tarea.

-          ¡Pero si yo no tengo carné para manipular material inflamable!, respondo con asombro.

-          Lo siento, “mi amol”, pero yo sólo tengo carné de manipuladora de alimentos.

A ver si al final va a resultar que tanto carné para nuestra seguridad no es más que un sacacuartos y una forma más de tenernos controlados.

De momento, yo no vuelvo a repostar en un sitio en el que un gasolinero debidamente acreditado, y por el mismo precio que me cobran en una gasolinera que sólo contrata simpáticas caribeñas expendedoras de pan, se encargue de rellenarme el depósito con toda la seguridad que le acredita su carné.