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El voto racial

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Una vez más nuestros sagaces y nunca suficientemente ponderados analistas políticos nos han escamoteado una de las principales reflexiones que pueden y deben realizarse ante las recientes elecciones celebradas en Estados Unidos.

Entiendo que el tema es incómodo y difícil de afrontar desde la corrección política, pero ocultar información tiene un nombre, manipulación, y eludir tratarla por lo inquietante o incómodo de la noticia es una cobardía más propia de avestruces que de verdaderos profesionales de la información. La cuestión es que la sociedad norteamericana se ha fracturado y una profunda grieta separa hoy a la población del la nación más poderosa del mundo. ¿Cómo puede obviarse esta noticia?
Tras las elecciones tanto Barack Obama, claro ganador de las mismas, como su oponente, Mitt Romney, han lanzado sendos discursos cuyo núcleo era reclamar la unidad de los estadounidenses. Parece razonable pensar que cuando los principales líderes políticos de un país se lanzan a reclamar unidad es sin duda porque ésta se encuentra en peligro.

Lo que hace especialmente interesante la fractura de la sociedad de los EEUU, y a la vez incomoda para el correctismo político, es que dicha fractura no se ha producido entre distintos grupos ideológicos ni entre distintas clases sociales. No, la fractura en Estados Unidos se ha producido entre los distintos grupos raciales, o para ser más claro, entre la América blanca y las minorías étnicas.

Este hecho que nuestra prensa se niega a tratar es, sin embargo, claramente percibido por los ciudadanos estadounidenses. Según muestra una encuesta del diario Newsweek, el 72% de los blancos y el 89% de los negros dicen que el país está dividido racialmente. Curiosamente en 2008, cuando fue elegido por primera vez el señor Obama como presidente, el 52% de los estadounidenses esperaban que las relaciones raciales mejorarían como resultado de dicha elección y tan sólo el 9% preveía un empeoramiento. Pero hoy día, en 2012, el sorprendente resultado es que casi el 60% de los estadounidenses están convencidos de que las relaciones raciales se han deteriorado o se ha estancado bajo el mandato de Obama.

Los datos son sencillamente aplastantes. Mitt Romney ganó la mayor parte del voto blanco, y lo hizo en un porcentaje superior al logrado por cualquier candidato republicano a la Casa Blanca a lo largo de la historia. Y sin embargo ha sido derrotado. Hace treinta años, siendo impopular entre las minorías étnicas, un candidato blanco difícilmente habría perdido las elecciones tal y como le ha ocurrido a Romney frente a Obama. Pero en aquel entonces, los blancos representaban casi el 90% de los votantes y ese porcentaje se ha reducido dramáticamente, y seguirá disminuyendo irremediablemente año tras año.

Esta bomba de tiempo demográfica, que está alterando la cara y el carácter de los EE.UU más que cualquier otra circunstancia, se puso de manifiesto este verano en un nuevo informe de la Oficina del Censo de los Estados Unidos.

El informe ha revelado que, por primera vez en la historia, más de la mitad de los bebés nacidos en los Estados Unidos pertenecen a minorías étnicas. De los cuatro millones de niños nacidos de enero a julio de 2011, el 50.4% eran negros, asiáticos, de raza mixta, hispanos… Un autentico seísmo que cambiará para siempre la faz, la cultura y la realidad de los Estados Unidos. ¿Por cuánto tiempo podremos seguir considerando a los Estados Unidos como una nación occidental?

Los liberales, que han estado históricamente comprometidos con un futuro multiétnico, insisten en que será una oportunidad para revitalizar los Estados Unidos, creando una mayor diversificación. Hace catorce años ya, el entonces presidente Bill Clinton dijo a los estudiantes de Oregón que lo mejor para los Estados Unidos sería que todo el mundo fuera una minoría.
En el otro extremo están los conservadores que creen que la "muerte" de la América blanca traerá la fatalidad cultural, económica y política de su país, y el fin de los valores que lo hicieron grande.

Sin duda ha sido en sintonía con estas posturas por las que el electorado se ha posicionado en un partido u otro. Las diferencias no radican en el estatus económico, como deja claro que sólo el 35% de los blancos con unos ingresos inferiores a 30.000 dólares ha dado su apoyo a Obama. Tampoco en la edad radica la diferencia, pues Romney ha ganado ampliamente en todas las franjas de edad entre la población blanca, incluyendo a los jóvenes 18 a 29 años, una franja de población que sin embargo apoyó a Obama en 2008. No, en estas elecciones el factor decisivo ha sido el racial. ¿Por qué los periódicos españoles intentan maquillar este hecho?

A su vez el 93% de los votantes negros y el 71% de los votantes hispanos han respaldado a Obama en 2012, y lo han hecho independientemente de su estatus económico e incluso de su tradicional filiación política. Por ejemplo el ex secretario de Estado de la era Bush, Colin Powell, expresó su apoyo a Barack Obama antes de las elecciones. Colin Powell era una de las caras más conocidas y visibles a nivel internacional del Partido Republicano, aun así se alineó junto al candidato Barack Obama, tal y como ha hecho el 93% de los demás afroamericanos. Una vez más se confirma la fractura social en torno a la identidad étnica de la sociedad norteamericana.

Del mismo modo Michael Rubens, un multimillonario que perteneció al Partido Republicano hasta el 2007 y que es alcalde de Nueva York, también ha apoyado a Barack Obama, algo que puede chocar si nos atenemos a su pasado político, pero no si tenemos en cuenta que el señor Rubens es judío y que la abrumadora mayoría del pueblo elegido, hasta un 70%, ha respaldado la elección de Obama.

Un dato interesante este último, pues no deja de sorprender el abrumador apoyo de la comunidad judía estadounidense al proyecto multicultural y proinmigracionista que encarna el señor Obama, sobre todo si se tiene en cuenta que esta misma comunidad respalda abiertamente las medidas anti-inmigración del estado de Israel, uno de los más restrictivos del mundo en este campo. Recordemos que el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaró recientemente que la infiltración de inmigrantes africanos en territorio israelí es una “calamidad nacional en todos los terrenos: económico, seguridad..." a lo que añadió "Si no actuamos para detener la inundación, seremos arrastrados por ella”.

Tan convencido está el señor Netanyahu de los perjuicios causados por la inmigración, que ha anunciado que no permitirá que "miles de trabajadores extranjeros inunden el país", ya que están conduciendo a Israel "hacia el Tercer Mundo". Entre otras cosas, el señor Netanyahu acusa directamente a los inmigrantes de ser los responsables de la reducción de los salarios y de minar la naturaleza judía y democrática del Estado causando "un daño cultural, social y económico" a Israel.

Si la comunidad judía cree, como dice el Primer Ministro Netanyahu, que la inmigración causa la tercer mundialización de Israel y un daño cultural, social y económico ¿cómo es que apoyan exactamente lo contrario en Estados Unidos…? En fin, que cada uno saque sus conclusiones.

A la vista de estos datos resultan más comprensibles las declaraciones del que fuera alto asesor de tres presidentes Norteamericanos (Richard Nixon, Gerald Ford y Ronald Reagan) el señor Pat Buchanan, que la mañana siguiente a las elecciones declaró: "La América blanca murió anoche. La reelección de Obama la mató. Nuestra historia de de más de doscientos años como nación occidental ha terminado".

Independientemente de si se piensa que es bueno o malo que la América blanca haya muerto, lo incuestionable es que la sociedad estadounidense se ha fracturado, y esta fractura se ha producido no por ideologías, ni por edad, ni por poder adquisitivo, sino por grupos étnicos. La comunidad blanca que ha representado el 90% de la población del país hasta hace pocas décadas, la misma población blanca que creó las instituciones, la cultura y la industria e hizo de los Estados Unidos la primera potencia mundial, ha perdido la soberanía sobre su país y ya no la recuperará nunca, algo que parece haberles disgustado profundamente. Por desgracia han reaccionado demasiado tarde para poder revertir la situación.

El pueblo estadounidense es el primero que ha vivido en sus propias carnes lo que se nos decía era una paranoia alarmista y sin sentido, han perdido la soberanía de su país a manos de millones de inmigrantes que siguen en aumento y que, en pocas décadas, les convertirán en una minoría étnica en su propia tierra, una pesadilla que muchos europeos conoceremos en un futuro que puede estar más cercano de lo que creíamos. ¿Será este el motivo por el que nuestra prensa está ocultando lo ocurrido de forma tan escandalosa?

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