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La esclavitud, otra de esas mentiras

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Para llevar a cabo un lavado de cerebro es bien conocido que antes de crear la nueva personalidad del individuo hay que destruir primero todo lo que es y todo en lo que cree. La psicología de masas no es distinta, y así el marxismo cultural inició la laboriosa tarea de destruir todo cuanto constituye las señas de identidad de nuestra cultura, de todas nuestras creencias y principios: había que destruir la civilización occidental.

De esta forma se emprendió una tarea ingente que comenzó con la toma de las instituciones en el mundo del arte, el cine, el teatro, la prensa, la televisión y el sistema educativo... siguiendo la estrategia propuesta por el marxista Antonio Gramsci. Los ataques a cualquier principio en el que sustentar la civilización occidental han sido llevados a cabo con éxito: libertad sexual, destrucción de la familia, religión, el valor del esfuerzo frente a la gratificación inmediata, la excelencia, etc. Pero esto no era suficiente, aún había que conseguir que odiáramos todo cuanto durante siglos habíamos sido, en definitiva, que nos odiáramos a nosotros mismos y a todo lo que representábamos en el mundo.

Es mi intención recalcar y denunciar en este artículo cómo con medias verdades o con abiertas mentiras, a los hijos de Occidente se les está induciendo a odiarse y a despreciar los frutos de una cultura como la nuestra, que una vez fue considerada por propios y extraños como la más desarrollada y la que más aportaciones ha hecho a la humanidad.

Intentemos desintoxicarnos un poco y, sobre todo, intentemos desintoxicar a nuestros hijos, porque patrañas como la que desenmascara el magnífico artículo de Thomas Sowell, que les dejo a continuación, son con las que están educándoles en las escuelas. Si no luchamos por la verdad, si no luchamos por nuestra cultura, terminará desapareciendo pisoteada por una generación de occidentales criados para odiarse a sí mismos (algo que ya está ocurriendo).

"Hace muchos años, me llevé una sorpresa cuando recibí una carta de una vieja amiga en la que me decía que le habían dicho que yo me negaba a recibir visitas en el campus procedentes de África.

Por aquel entonces yo estaba tan atareado que accedí a ver a un único visitante del campus de Stanford; y da la casualidad de que era africano. Acertó a presentarse en un momento en que me estaba tomando un descanso.

En fin: a mi amiga le dije que aquél que tal le dijo igual pudiera haberle dicho que yo me niego a hacer paracaidismo con negros; y, ciertamente, me niego a tirarme en paracaídas con negros... y con blancos y con asiáticos y con cualquier hijo de vecino.

No soy el único que ha sido víctima de confusiones de este tipo. De hecho, confusiones de este tipo están provocando distorsiones mefíticas y de hondo calado en nuestro país, los Estados Unidos de América.

Volvamos de nuevo la vista a la cuestión de la esclavitud. La de la esclavitud es una historia muy dolorosa, no sólo por el trato dispensado los esclavos, sino por lo que su propia existencia dice de la especie humana: porque esclavos y esclavistas, no lo olvidemos, ha habido de todos los colores, credos y lugares.

Si la historia de la esclavitud debe enseñarnos algo, es que no podemos poner en manos de unos seres humanos un poder ilimitado sobre otros seres humanos, con independencia del color o el credo de unos u otros. La historia del antiguo despotismo y el moderno totalitarismo traslada prácticamente el mismo mensaje tinto en sangre.

Pero no es eso lo que se enseña en nuestras escuelas y colegios, lo que nos muestran el cine y la televisión. No. El mensaje que se lanza una y otra vez es que los blancos esclavizaron a los negros.

Y sí, es cierto. Pero como lo es aquello que dice al principio de que no practico paracaidismo con negros. Y sus implicaciones son igual de falsas.

En fin, los europeos esclavizaron a africanos de la misma manera que los norteafricanos esclavizaron a europeos: a más europeos que esclavos africanos hubo en Estados Unidos y las Trece Colonias.

El trato que se dispensaba a los esclavos blancos condenados a galeras era aún peor que el dispensado a los negros en las plantaciones de algodón. Pero no hay películas ni series de televisión que hablen de ello; películas o series como Raíces. Por supuesto, tampoco se habla de ello en nuestras escuelas y universidades.

El trato inhumano con que unos seres humanos tratan a otros seres humanos no es una novedad ni, mucho menos, algo extraordinario. No hay por qué ocultarlo; entre otras cosas, porque podemos extraer algunas lecciones. Pero tampoco hay por qué distorsionarlo y presentar unos pecados de toda la especie humana como propios o exclusivos de una sociedad o raza determinada.

Si la sociedad estadounidense y la civilización occidental se diferencian en algo de las demás sociedad y civilizaciones es, precisamente, en que en un momento dado se volvieron contra la esclavitud; y lo hicieron en un momento en que las sociedades no occidentales seguían practicándola y se resistían a las presiones occidentales encaminadas a ponerle fin.

Sólo el hecho de que Occidente fuera predominante hizo posible la erradicación de la esclavitud en numerosas sociedades no occidentales en la época del imperialismo occidental. Sin embargo, hay estadounidenses que se van a África a pedir perdón por la esclavitud; ¡a África, donde la esclavitud no está, ni mucho menos, erradicada!

No es sólo la historia de la esclavitud lo que es objeto de distorsión torticera. Quienes hurgan en la historia de la minería para socavar los cimientos de la sociedad estadounidense o de la civilización occidental tienen muy poco interés en la Marcha de la Muerte de Bataan o en las atrocidades perpetradas por imperios como el otomano. Este tipo de gente no busca la verdad, sino oportunidades para denigrar a sus propias sociedades, o agravios con los que hacer caja a expensas de gente que ni siquiera había nacido cuando se cometieron esos pecados del pasado por los que claman.

Un antiguo proverbio dice: 'A cada día, su propio mal'. Al parecer, no les basta, a tantos de nuestros educadores, intelectuales, medios de comunicación. Están empeñados en emponzoñar el presente con el veneno del pasado."

Thomas Sowell

Espero que les haya gustado, confío en que haya ayudado a despertar alguna conciencia dormida y por último decir a todo aquel que pueda estar sospechando que el señor Thomas Sowell sólo es otro maldito supremacista blanco, que el autor no sólo no es un supremacista blanco sino que es un afroamericano orgulloso de serlo. Vaya desde aquí mi más profundo reconocimiento por su claridad de ideas y sobre todo por su honradez intelectual que le empuja a decir la verdad aunque sea políticamente incorrecta y aunque le suponga la enemistad de una buena parte de la comunidad negra internacional.

¿Qué les parece si recordamos parte de esa historia que se niegan a enseñar a nuestros escolares?

Le pese a quien le pese la abolición de la esclavitud comenzó en Europa, donde los occidentales empezamos a oponernos a esta práctica al calor de un nuevo orden filosófico basado en las ideas de la Ilustración y el Humanismo. A partir del siglo XVIII empiezan a ser importantes los movimientos abolicionistas. En Inglaterra la abolición de la esclavitud fue declarada en 1840; en Francia en 1848; en Holanda en 1865 y en Estados Unidos en 1866. En 1890 durante el Congreso de Bruselas se abolió simbólicamente en todo el mundo.

Esta concepción, fruto del pensamiento y moral occidentales, se exportó luego a los continentes americano, asiático y africano, pero curiosamente es fuera de Occidente donde la abolición hubo de imponerse a sangre y fuego, aprovechando la enorme superioridad tecnológica y militar de la que disponían las potencias coloniales; fue esta superioridad militar y no otra la herramienta que sirvió para destruir el comercio de esclavos y reducir la prevalencia del esclavismo en todo el mundo.

Barcos británicos entraron en aguas de Brasil para hundir los barcos de esclavistas y se amenazó al Imperio Otomano con hacer lo mismo con los suyos si no aceptaban la prohibición. Años después, los norteamericanos erradicarían la esclavitud de Filipinas, los holandeses de Indonesia, los rusos de Asia Central y los franceses en sus colonias africanas y caribeñas...

Y es que, aunque hoy nadie parezca interesado en recordarlo, fuera de Occidente no había nadie que entendiera muy bien esa manía que tenían contra el esclavismo. En el Imperio Otomano afirmaban que era una institución crucial para la vida y los hábitos de todos sus habitantes. Los maoríes lo veían como algo sin importancia, una más de sus costumbres. En Zanzíbar, su gobernante se negó a prohibir el esclavismo por miedo a perder la lealtad de sus súbditos.

Se recurre constantemente a la historia de la esclavitud para denigrar a la civilización occidental, Sin embargo, si algo hay que muestre la enorme superioridad de la cultura occidental sobre las demás es precisamente la historia del fin de la esclavitud, que no fue otra cosa que una imposición de Occidente al resto del mundo.

Quizá es buen momento para preguntarse ¿Por qué no enseñan esto en nuestras escuelas? ¿Por qué no enseñan que fue precisamente Occidente el que, haciendo incluso uso de la fuerza allí donde fue necesario, terminó con la esclavitud? ¿Por qué esta incuestionable verdad histórica no sale reflejada en los documentales de televisión? ¿Por qué no se hacen series de televisivas del tipo Kunta Kinte en que el protagonista sea un europeo esclavizado en un reino musulmán? Ah, sí, se me olvidaba, no lo hacen porque entonces no tendrían cómo enseñar a nuestros hijos a odiar a la civilización a la que pertenecen y a sentir vergüenza de su historia.

¿Creen ustedes que a los niños afroamericanos de las escuelas de EEUU o de Europa se les enseña que la esclavitud no era ajena a las poblaciones africanas subsaharianas y de las costas occidentales, donde de hecho cobró cada vez mayor importancia?

La captura de los habitantes de los reinos y pueblos vecinos se convirtió en una actividad mercantil para muchos africanos implicados en ella. A la hora de hacer un balance de lo que supuso la vergüenza de la trata de esclavos no habría que olvidarse de estos protagonistas, y de modo especial de los grandes tratantes como los reyes de Dahomey o el Congo, así como de los vendedores de la costa de Nigeria, de las otras zonas atlánticas dedicadas a la trata, y de las costas orientales de Madagascar y Mozambique.

"(...) la trata ha sido el principio que ha gobernado a mi pueblo, es la fuente de su gloria y su riqueza. Sus cantos celebran sus victorias y la madre acuna a su hijo cantándole sobre el triunfo frente al enemigo reducido a la esclavitud. ¿Acaso puedo, firmando, cambiar los sentimientos de todo un pueblo?" El rey Gozo de Dahomey al capitán Winniett, de los EE.UU., al intentar este convencerle en 1840 para que abandonara la trata. Citado por Hugh Thomas en "La trata de esclavos", Ed. Planeta, Barcelona, 1998.

La pregunta es: ¿Por qué se inculca en nuestras escuelas una culpa colectiva atribuida a los blancos y sin embargo ninguna culpa colectiva por pequeña que sea para los africanos que colaboraron y se enriquecieron con la esclavitud?

¿Cree usted que se enseña a los niños judíos de las escuelas de EEUU o de Europa que, los mercaderes judíos jugaron un papel enorme en el comercio de esclavos? “En realidad, en todas las colonias americanas tanto francesas, británicas u holandesas, los mercaderes judíos frecuentemente eran quiénes dominaban” tal y como escribió el prominente historiador judío Marc Raphael en su libro "Judíos y judaísmo en los Estados Unidos: una historia documental".

¿Cree usted que a estos niños judíos se les cuenta cómo durante el Siglo XVIII los judíos participaron en el “comercio triangular”? El comercio triangular era llamado así porque traía esclavos de África a las Indias Occidentales y una vez allí, eran cambiados por melaza, que a su vez era llevada a nueva Inglaterra y convertido en ron para vender en África. Hablamos de personajes como Isaac da Costan de Charlestone en 1750, David Franks de Filadelfia en 1960 y Aarón López de Newport quienes dominaron el comercio judío de esclavos en el continente americano. Los historiadores registran antiguos documentos judíos que muestran claramente cómo el comercio de esclavos les pertenecía casi en su totalidad, hasta tal punto que las subastas de esclavos a través de toda América tenían que cerrar durante las fiestas judías.

Tampoco se les dirá a estos niños judíos delante de sus compañeros eurodescendientes u afroamericanos que los judíos dominaron el tráfico de esclavos en el mundo occidental durante al menos 2.000 años, desde periodos tan antiguos como la época romana, tal y como muestra la enciclopedia judía de Funk y Wagnall que en el décimo volumen dice: “El tráfico de esclavos constituía el mayor medio de vida para los judíos de Roma”.

Pero aunque no se les avergüence con ello en clase delante de sus compañeros, la realidad es que casi el 40% de todos los judíos propietarios de viviendas en los Estados Unidos poseían uno o más esclavos, mientras que menos del 5% de los propietarios de viviendas de la población blanca tenía esclavos; y menos el 2% de los blancos tenían esclavos en toda América antes de la Guerra civil.

La pregunta es: ¿Por qué se inculca en nuestras escuelas una culpa colectiva atribuida a los blancos y sin embargo ninguna culpa colectiva para los judíos?

¿Cree usted que al tratar la lacra de la esclavitud en las aulas de EEUU o de Europa se les cuenta a los niños árabes delante de sus compañeros judíos afrodescendientes o eurodescendientes que desde la España musulmana, los árabes realizaban periódicas incursiones o aceifas para saquear y arrasar los reinos ibéricos cristianos de la península, consiguiendo botín y esclavos?

Por poner un ejemplo, en una incursión realizada contra la ciudad de Lisboa en el año 1189, Yaqub al-Mansur, califa de los Almohades, se apoderó de 3.000 cautivos entre mujeres y niños, mientras que su gobernador en Córdoba, en un ataque posterior contra la ciudad de Silves en 1191, se apoderó de otros 3.000 esclavos cristianos.

Los árabes esclavizaron a un número sustancial de europeos. Según Rober Davies entre 1.000.000 y 1.250.000 europeos fueron capturados por los corsarios berberiscos, vasallos del Imperio Otomano y vendidos como esclavos entre los siglos XVI y XIX. Estos esclavos eran capturados principalmente en las poblaciones costeras de Italia, España, Portugal, Francia y en menor medida de lugares más lejanos como Inglaterra, los Países Bajos, Irlanda y excepcionalmente en lugares tan apartados como Islandia y Norteamérica.

El impacto de los ataques berberiscos y otomanos fue devastador: Francia, Inglaterra y España perdieron miles de barcos y muchas poblaciones costeras fueron casi abandonadas por sus habitantes. Las incursiones de los piratas otomanos desanimaron el asentamiento en la costa hasta el siglo XIX. Las guerras de los turcos otomanos en Europa, así como los ataques de los mongoles y tártaros en Europa también llevaron a muchos esclavos europeos al mundo musulmán.

La pregunta es ¿por qué se inculca en nuestras escuelas una culpa colectiva atribuida a los blancos y sin embargo ninguna culpa colectiva para los musulmanes?

Tampoco estaría de más recordar a nuestros políticos y a las víctimas de la LOGSE que, a pesar de los esfuerzos realizados por el mundo occidental para erradicar la esclavitud en el mundo, ésta perduró durante buena parte del siglo XX y no precisamente en los países occidentales, por mucho que se empeñen en demonizarnos.

Desde aproximadamente el siglo VII hasta la década de 1960 el comercio árabe de esclavos continuó bajo una forma u otra. El sultán de Marruecos Ismael ibn Sharif “El Sanguinario” (1672-1727) tenía una guardia personal de 150.000 esclavos negros, llamada la Guardia Negra, con la que mantenía la sumisión de su reino. Relatos y referencias históricos mencionan con frecuencia la presencia de esclavos entre las propiedades de la nobleza de Arabia, Yemen y otros países árabes hasta la década de 1920. En 1953, los jeques de Qatar que acudieron a la coronación de la reina Isabel II del Reino Unido tenían esclavos entre sus servidores, y seguían teniéndolos en una nueva visita 1958.

Hacia la década de 1950 la población de esclavos de Arabia Saudí se estimaba en unas 450.000 personas, aproximadamente el 20 % de la población. Se estima que hasta 200.000 mujeres y niños negros de Sudán fueron esclavizados durante la Segunda Guerra Civil Sudanesa. La esclavitud en Mauritania fue oficialmente abolida por leyes sucesivas en 1905, 1961 y 1981, pero no fue criminalizada hasta agosto de 2007. Se estima que hasta 600.000 mauritanos negros (un 20% de la población del país) se encuentran actualmente trabajando en situación de esclavitud debido a deudas que no pueden afrontar.

El comercio árabe de esclavos en el Océano Índico, el Mar Rojo y el Mar Mediterráneo es muy anterior a la llegada de los europeos al continente africano. Los descendientes de los esclavos africanos llevados a Oriente Medio por el comercio de esclavos todavía viven allí en la actualidad y son conscientes de sus orígenes africanos.

¿Qué se apuestan a que esto no se lo enseñarán a sus hijos en clase cuando estudien la esclavitud?

¿Qué se apuesta a que cuando retransmitan en 2022 la Copa del Mundo de Fútbol desde Qatar y muestren sus modernas infraestructuras se olvidarán de mencionar que fueron levantadas por mano de obra esclava? Y esto no ocurrió hace cincuenta ni cien años, esto está ocurriendo hoy, ahora, mientras usted lee este artículo miles de trabajadores esclavos trabajan en Qatar para levantar las infraestructuras que acogerán tan magno evento deportivo.

Tal y como denunció la Confederación Sindical Internacional (CSI) que recientemente acusó a Qatar de tener a trabajadores explotados como esclavos en la construcción de las sedes del Mundial de fútbol de 2022, "Qatar es un país traficante de esclavos. Para construir todas las infraestructuras morirán posiblemente más trabajadores que los 736 futbolistas que estarán sobre el césped en el Mundial", dijo al diario alemán 'Bild' la secretaria general de la CSI, Sharan Burrow.

Al parecer a alguien le interesa que los occidentales esclavizados durante siglos, que vivieron y murieron en condiciones infinitamente más lamentables que las sufridas por los negros de las plantaciones de América, sean totalmente olvidados a pesar de que muchos de estos esclavos fueron compatriotas nuestros. Nosotros no los olvidaremos.

Como tampoco olvidaremos que si algo hay que muestra la enorme superioridad de la cultura occidental sobre las demás es, precisamente, que la historia del fin de la esclavitud no fue otra cosa que una imposición de Occidente al resto del mundo.

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