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Manipulación emocional: Leonarda’s Show

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La manipulación emocional es posiblemente la más peligrosa y efectiva, va dirigida a nuestros afectos y, lógicamente, al verse involucradas nuestras emociones nos resulta mucho más difícil mantener cierta distancia para analizar fría y racionalmente los hechos que se nos presentan. La respuesta que busca quien la pone en práctica es una respuesta emotiva lo suficientemente intensa como para que eclipse nuestra respuesta racional.

Y esto es lo que ha intentado el lobby proinmigracionista de Francia con el caso de Leonarda Dibrni, la joven recientemente expulsada de Francia junto con su familia, que se encontraba en situación ilegal en el país, y ha sido expulsada conforme a derecho.

¿Dónde está el problema? ¿Cómo surge la polémica? Pues es muy sencillo de entender si tenemos en cuenta el momento social y político en que se encuentra Francia. El pasado enero se hacía pública una encuesta de Ipsos que realizaba la mejor radiografía del estado de ánimo en el que se encuentran los franceses. Tres datos causaron conmoción en la vida política francesa: el 87% de los encuestados está de acuerdo en que Francia necesita un verdadero líder que restablezca el orden, el 70% piensa que hay demasiados extranjeros en el país, y el 61% cree que la globalización es una amenaza para el devenir de la nación francesa.

El cuadro lo completan datos como que el 55% que cree que el poder económico francés ha disminuido significativamente, el 63% que opina que la influencia cultural francesa ha menguado y el 51% que piensa que la decadencia de Francia es inevitable. También hay otros datos que han despertado no poca incomodidad en la clase política francesa, por ejemplo la creencia de que los políticos actúan movidos por sus intereses personales (82%), que el sistema democrático no funciona correctamente (72%), o que es necesario reforzar los poderes de decisión del país aunque esto limite el poder de decisión de Europa (65%).

Este es el escenario en el que Marine Le Pen y el Frente Nacional se han hecho fuertes. Su ideario es el que más se identifica con las opiniones mostradas por los ciudadanos: constatación de la pérdida de autoridad, identificación de la inmigración con los problemas económicos y de convivencia, y posición defensiva respecto a la globalización, cuando no directamente de retirada en el caso del euro...

Añádanle a esta situación que la popularidad del presidente socialista, el señor Hollande, se ha hundido hasta un más que alarmante 24%, dato que certifica el divorcio existente entre los dos partidos que tradicionalmente han gobernado Francia y la ciudadanía. Así las cosas los ingenieros sociales los creadores de opinión, los publicistas... en definitiva los manipuladores profesionales encabezados por los proinmigracionistas subvencionados, constataron la necesidad urgente de ponerse manos a la obra.

Dado que sus argumentos parecen no convencer ya a casi nadie decidieron trasladar el debate al terreno de las emociones y es aquí donde hace su aparición el grotesco caso de Leonarda, la joven kosovar expulsada de Francia junto con su familia, una historia que se ha presentado con todas los ingredientes de un culebrón venezolano para despertar la compasión de los franceses hacia la familia afectada y generar sentimiento de culpa en todos aquellos ciudadanos (el 70%) que cree que hay demasiados extranjeros en Francia.

La buena noticia no es sólo que la sociedad francesa parece haber despertado de su letargo, es que además lo ha hecho inmunizada contra este tipo de burdas manipulaciones que ya no convencen a nadie tal y como demuestra el dato de que, pese a la tormenta política desatada tras su expulsión, siete de cada diez franceses dicen apoyar esa medida.

Tanto es así que la propuesta del señor Hollande de permitir el regreso de Leonarda ha causado una oleada de opiniones en contra que podría resumirse en la palabras de un diputado de la conservadora Unión por un Movimiento Popular, Eric Ciotti: "[Hollande] ha ridiculizado al país al renunciar a la autoridad del Estado con su propuesta de acoger a Leonarda a pesar de las decisiones judiciales".

De poco les ha servido a los proinmigracionistas movilizar a sus chicos de la extrema izquierda encuadrados en la Unión Nacional de Estudiantes de Francia, los sindicatos CGT y CNT, el Movimiento contra el Racismo y por la Amistad entre los Pueblos (MREP), la Liga de los Derechos del Hombre (LDH) y formaciones políticas como Europe Écologie-Les Verts, el Partido de Izquierdas o el Nuevo Partido Anticapitalista.

Los franceses no quieren volver a ver el pelo a la tal Leonarda ni a su familia (el padre de Leonarda había sido fichado por violencia doméstica contra su esposa y sus hijas así como por pequeños robos). La manipulación emocional es una trampa en la que los franceses ya no caen tan fácilmente.

Esperemos que el resto de los europeos aprendamos a inmunizarnos también frente a esta forma de manipulación tan extendida cuando, con sucesos como los ocurridos en Lampedusa, pretendan forzarnos a decidir sobre nuestro destino manipulando nuestras emociones en lugar de hacerlo de forma racional.

La manipulación de masas podría definirse como "intervenir con medios hábiles y astutos en la opinión pública con distorsión de la verdad y al servicio de intereses particulares”. Y cuando los proinmigracionistas recurren a la estrategia de manipular a la opinión pública en el plano emocional para lograr una respuesta emotiva que eclipse la respuesta racional  es, sencilla y llanamente, porque sus argumentos ya no convencen a nadie.

Leonarda o Lampedusa son el reconocimiento explícito de que los proinmigracionistas han perdido la batalla de la razón y están quemando su último cartucho.

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