Los últimos días de la Australia Blanca
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Los últimos días de la Australia Blanca

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Sólo los pueblos descendientes de europeos han abierto sus puertas a los demás pueblos del mundo y ahora se encuentran en peligro de perder el control del territorio que han ocupado por cientos de años, como en Australia, Canadá y los Estados Unidos o en el caso de la propia Europa por miles de años.

Los recientes acontecimientos ocurridos en Australia -la toma de rehenes en una cafetería en Sídney por un islamista radical, que se saldó finalmente con tres muertes, incluida la del propio secuestrador y varios heridos- ha sido presentada por nuestros medios de desinformación como un incidente aislado y sin ningún tipo de precedente en cuanto a tensiones multiculturales en el país, evitando a toda costa presentar a la opinión publica toda una serie de datos que muchos ciudadanos occidentales desconocen, como por ejemplo que Australia podría haberse convertido en el país con más yihadistas per cápita alistados en el Estado Islámico tal y como admitió la Ministro de Asuntos Exteriores de Camberra, Julie Bishop, en junio.

No sólo hay una gran presencia de yihadistas desplazados desde Australia en el Estado Islámico, es que estos están asumiendo papeles de liderazgo dentro de la organización, como Khaled Sharrouf, tristemente famoso, entre otras cosas, porque obligó a su hijo de siete años a aparecer en uno de los terroríficos vídeos con los que acostumbra a deleitarnos el Estado Islámico, agarrando una cabeza cercenada.

Otros datos que nuestros medios de desinformación han olvidado mencionar para que sus lectores tuvieran una mejor y correcta interpretación de lo ocurrido, es que la toma de rehenes en Sidney no ha sido el primer sobresalto dentro de territorio australiano. Ya en septiembre de 2015 las autoridades australianas aseguraron haber desmantelado una célula radical y los medios locales informaron que las fuerzas de seguridad habían actuado después de interceptar una conversación de Mohamed Baryalei, en la que pedía desde Siria a sus acólitos que "secuestraran a un viandante cualquiera y lo degollaran frente a una cámara de vídeo".

Desde luego esta situación no es nueva en Australia, sólo se trata de un paso más en la escalada de tensión multicultural que está sufriendo el país. Habría que recordar por ejemplo cómo en 2008 fueron detenidos miembros de un grupo radical islámico por planear atacar el reactor nuclear Lucas Heights en Sydney, o cómo el 15 de septiembre de 2012 varios centenares de islamistas radicales protagonizaros violentísimas protestas para impedir la proyección de la película “La inocencia de los musulmanes”. Otro episodio digno de recordar fueron los disturbios de Cronulla en 2005, cuando miles de australianos se lanzaron a una serie de violentas protestas por las constantes agresiones y abusos sufridos en la zona a manos de jóvenes musulmanes. Recordemos que sólo unos años antes, en el 2000, se habían producido las tristemente famosas violaciones en grupo de Sydney, cometidas por un grupo de hasta catorce "australianos" libaneses liderados por Bilal Skaf contra mujeres australianas; entre las víctimas había algunas jóvenes de apenas 14 años. Los ataques fueron descritos como crímenes motivados por odio étnico por parte de los funcionarios de policía y los periodistas.

¿Cómo ha llegado Australia a esta situación que los medios de comunicación europeos intentan ocultar a toda costa? ¿Qué ocurrió en este país que durante décadas se mostró el más selectivo en cuanto a la inmigración, intentando con ello garantizar su futuro como nación blanca y occidental? Recordemos que la primera ley que aprobó el Parlamento australiano fue la Ley de Restricción de la Inmigración, una ley que limitó la inmigración a Australia y fue la base de lo que se conoció como "La Australia Blanca".

Los australianos, perfectamente conscientes de su baja densidad de población y de estar rodeados de centenares de millones de asiáticos incomparablemente mas pobres, tuvieron durante décadas clara conciencia de que de abrir sus fronteras a la inmigración no blanca terminaría con la existencia de Australia como país y de los australianos como pueblo. Esta filosofía se mantuvo inamovible hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Tras el conflicto bélico, en 1947, la población no europea y no aborigen se midió y era un 0,25% del total. Hasta 1939 Australia había destinado durante décadas una cuota del 98% a la migración anglo-celta.

Esta política cambió radicalmente con el impacto de la guerra. El temor de una invasión japonesa agudizó la preocupación por su supervivencia. El gobierno laborista de posguerra creyó que la población de siete milones y medio de Australia tendría que ser duplicada y para ello se animó a los inmigrantes continentales europeos, considerados anteriormente como "extranjeros", a instalarse en Australia. Existía sin embargo un indisimulado rechazo de las autoridades australianas a la llegada de inmigrantes judíos entre las nuevas remesas de inmigrantes blancos no anglosajones que se estaban instalando en Australia. El 58% de los encuestados en un sondeo de opinión 1947 estaban en contra de que Australia se convirtiera en un santuario para los Judíos desposeídos.

Sin duda, el resentimiento contra los judíos recién llegados se vio reforzado por los últimos años turbulentos del mandato británico en Palestina, incluyendo el bombardeo del hotel Rey David y otras manifestaciones anti-británicas protagonizadas por los nacionalistas judíos. Como resultado de ello en 1947 se ponen límites en el número de judíos que podían entrar en Australia, prohibiendo una cuota superior al 25% de judíos en cualquier buque que arribara a Australia.

Esta oposición fue el resultado de los recelos tradicionales contra judíos, que eran percibidos como incapaces de asimilarse. Se les acusó de crear talleres de explotación en los que se exigía trabajar largas horas por salarios bajos lo que debilitaba el nivel de vida de Australia. Fueron etiquetados como los prestamistas que controlaban los bancos y medios de comunicación y además de tener una moral deficiente, se decía de ellos que eran codiciosos y estaban obsesionada con el dinero. Todas estas opiniones se manifestaban abiertamente en los periódicos, en las declaraciones de los miembros del Parlamento y en las resoluciones dictadas por los grupos de presión tales como la Liga de Devolución de Servicios (RSL) y la Asociación de los Nativos de Australia (ANA).

Aun así, con mucho, el mayor número de inmigrantes judíos llegó después de la Segunda Guerra Mundial. La gran mayoría eran supervivientes del Holocausto. El primer barco con estos supervivientes atracó en Sydney en noviembre de 1946, y un número importante llegó después de la sublevación húngara de 1956. También otro pequeño número de judíos de Egipto llegaron como refugiados de la persecución que siguió al derrocamiento de la monarquía egipcia y el posterior estallido de la crisis de Suez de 1956. Y de esta manera entre 1938 y 1961 los judíos de Australia casi se habían triplicado.

Y estos hechos que si bien en porcentaje de población pueden parecer insignificantes, tendrán una importancia determinante en el futuro de Australia, pues este grupo minoritario de población tuvo un papel protagonista en los cambios de la legislación australiana con respecto a la inmigración.

Todo empieza a cambiar en la década de 1960. No, no hubo un movimiento popular que presionara para poner fin a la tradicional política migratoria que desde su creación en 1901 había regido en Australia, y que hasta entonces había conservado el apoyo de los Australianos. Estos cambios, lejos de ser impulsados la opinión pública, llegaron de la mano de un pequeño grupo de reformadores y supusieron el desmantelamiento progresivo de la Australia Blanca y el paso, producido entre 1966 y 1975, donde un sistema que potenciaba la asimilación dio paso a otro que protegía la multiculturalidad.

La infiltración comienza en algunas universidades australianas en la década de 1960, donde las teorías de la judeo-maxista escuela de Frankfurt fueron imponiéndose tal y como ocurriría en la mayor parte de los países occidentales. Como es bien sabido la Escuela de Frankfurt abandonó la clase obrera blanca, ya que no era lo suficientemente radical y había sucumbido al fascismo en Alemania e Italia. Esto les hizo rechazar la tradicional ortodoxia marxista sobre la lucha de clases, reemplazándola por la defensa de la inmigración no blanca y el multiculturalismo, así como el reclutamiento para la nueva izquierda de los blancos que tenían quejas en contra de la cultura tradicional, en particular las feministas y las minorías sexuales. Nacía así una nueva izquierda "el marxismo cultural". Pronto esta política llegó también a los colegios donde las lecturas patrióticas australianas como los libros de Keith Hancock dejaron de ser obligatorias. Como resultado de estos cambios las universidades se convirtieron en los primeros focos de resistencia a la Australia Blanca.

Junto al desembarco en las universidades comienzan a surgir los primeros activistas que luchan contra cualquier forma de discriminación racial; su vía de entrada en la sociedad australiana fueron los derechos de los aborígenes. En 1965 el judío australiano Jim Spigelman llevó a treinta estudiantes en lo que sería la primera Caravana por la Libertad de Australia, un viaje por el interior de Australia para protestar contra la discriminación racial. Los judíos australianos fueron los que lideraron este proceso, pero sin duda la mayor contribución a la causa de los derechos aborígenes la hizo Ron Castan, otro judío australiano que fue apodado por los aborígenes como el "gran guerrero blanco".

Con la aprobación en 1963 de la declaración de la ONU sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, se instó a los gobiernos miembros para eliminar la discriminación racial en el conjunto de la sociedad. Las corrientes intelectuales internas en Australia fueron aumentado alimentadas por la creciente oposición política externa a la Australia Blanca, especialmente durante los años de la descolonización europea en África y Asia. En respuesta a estas presiones internas y externas, el aparato administrativo de la Australia Blanca fue desmantelado gradualmente desde mediados de 1960, hasta 1974 año en el que puede darse por desmantelado.

Los judíos australianos jugaron un papel protagonista en la aprobación de leyes que terminaban con la restricción de la inmigración no blanca en Australia, tal y como reconocía el presidente del Consejo Ejecutivo de los Judíos de Australia, Robert Goot, que está orgulloso del compromiso continuo de la comunidad judía con todas estas medidas.

La hipocresía de este colectivo es sorprendente dado que judíos australianos han estado a la vanguardia de apoyo al derecho del estado de Israel a existir como estado judío, para determinar su propia agenda de seguridad y hacer cuanto sea necesario para asegurar su propia supervivencia, tal y como recordaba el académico y activista judío australiano Danny Ben Moshe, al señalar que en Australia el judaísmo es ferozmente sionista y supera a todas las demás diásporas en su compromiso con Israel.

Poco parece importarles a los proinmigracionistas judíos de Australia que la justificación que motivó restringir la inmigración no occidental a Australia entre los años 1930 y 1940 (es decir, el interés nacional y étnico), es exactamente la misma justificación que ha sido, y sigue siendo, invocado por Israel y sus partidarios para justificar su política de inmigración racialmente restrictiva.

Los intelectuales judíos hipócritamente condenan a los australianos de los años 1930 y 1940 por haberse negado a subordinar sus intereses de grupo, cuando los judíos y el estado de Israel se niegan a hacer lo mismo. Sólo los pueblos descendientes de europeos han abierto sus puertas a los demás pueblos del mundo y ahora se encuentran en peligro de perder el control del territorio que han ocupado por cientos de años, como en Australia, Canadá y los Estados Unidos o en el caso de la propia Europa por miles de años.

El principal artífice de esta venenosa política antiblanca en Australia fue Walter Lippmann, un refugiado judío alemán que se estableció en Melbourne en 1938. Lippmann era un hombre de negocios y miembro prominente de la comunidad judía de Melbourne que en 1960 se había convertido en presidente de la Obra Social Judía de Australia y de la Sociedad de Socorro entre otros cargos.

Bajo el liderazgo de Walter Lippmann se redactó en 1975 el informe final de la Comisión de Relaciones con la Comunidad y que marcaría el camino a seguir por el gobierno australiano; dicho informe recomendó que la política social del gobierno australiano se reformularse a partir de entonces sobre la base de cuatro elementos clave que seguramente les resultaran familiares:

- En primer lugar la tarea de los líderes políticos era promover la comprensión y el respeto por la diferencia y nuestra humanidad común.

- En segundo lugar se debía legislar para prohibir la discriminación racial y de defender y promover los derechos a través de la creación de una comisión de derechos humanos. Los servicios gubernamentales serían culturalmente sensibles y siempre en los idiomas comunitarios.

- En tercer lugar las escuelas enseñarían a sus alumnos a respetar la cultura de los demás, dar conocimiento de las tradiciones, la historia, la literatura y la geografía de los países de los principales grupos de inmigrantes.

- En cuarto lugar los medios de comunicación tenía la responsabilidad de promover el conocimiento de las culturas y proporcionar una comunicación significativa entre los diversos grupos que constituyen la sociedad australiana.

Con el fin de alcanzar sin oposición los objetivos de la agenda multicultural, sus promotores lucharon desde un principio por prohibir y sancionar todo discurso crítico contra la inmigración no blanca y el multiculturalismo, disfrazando esta legislación como leyes antiracismo y anti-discursos de odio. De esta forma se ilegalizaba la opinión de cualquier disidente que estuviera en contra de la multiculturalidad y la inmigración masiva.

Hoy la realidad en Australia es una creciente multiculturalidad, donde la asimilación no se está produciendo y con tensiones étnicas crecientes. Una vez más el paraíso multicultural que se nos prometió se está convirtiendo en una pesadilla… pero claro que esto no nos lo contarán nuestros chicos de la prensa.

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