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Enemigos de Europa

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Los lectores de esta revista y en general los españoles, los europeos libres y no aborregados por el sistema, son conscientes de que sus dirigentes y los medios de comunicación llevan a cabo políticas sistemáticamente dirigidas contra los propios europeos. Específicamente en nuestro país contra los españoles, a quienes en teoría representan y sirven, hasta el punto de que podemos afirmar que estamos gobernados por traidores. Esto se complementa con el racismo antiblanco que se extiende por el mundo y especialmente en la propia Europa. El odio hacia la tradición europea, hacia la raza blanca y la historia europea está en el ADN de esa tendencia ideológica que hoy infecta la Unión Europea y los organismos internacionales, la ONU en primer lugar.

A esta tendencia ideológica se la puede llamar izquierda cultural o marxismo cultural, pero para entendernos es simplemente la progresía, que se expresa políticamente a través de los partidos de “izquierdas” y representa una mitad del cáncer que nos está destruyendo. La otra mitad del cáncer son los partidos de “derechas” que quieren transformar la sociedad en un gran supermercado y entregar el mundo a los especuladores. Las dos mitades del cáncer se reparten el trabajo, como es evidente si notamos que unos jamás deshacen lo que hacen los otros. Unos degradan y descomponen la sociedad, la familia y las personas, otros entregan el país a la dictadura de los señores del dinero. Sin embargo ambos grupos se entienden perfectamente detrás del escenario, entre una mariscada y otra, mientras se ríen de los necios que creen en ellos y en la farsa que han montado.

Es mejor que nos despertemos cuanto antes y nos demos cuenta de que hay una lucha en curso, una guerra larvada y oculta contra lo mejor de la tradición europea y contra los pueblos de Europa. Un examen atento a la actualidad nos confirma que nuestros enemigos están no sólo fuera sino sobre todo dentro. Estos son los peores, las ratas que ocupan los gobiernos y los medios, que escriben las leyes, imparten justicia y trabajan en la oscuridad para destruirnos como europeos y españoles, para traer la muerte de Europa y España, de su cultura y tradición.

Para sustituirla con un engendro que podrá ser cualquier cosa pero ya no será algo nuestro, aunque ocupe el mismo espacio físico y la población autóctona sobreviva como una minoría.

Un frente en esta lucha es especialmente visible. Es la campaña constante a favor de la inmigración masiva, cuya finalidad última e inconfesada es que los europeos se conviertan en una minoría en su propio continente. En Francia por ejemplo el presidente socialista Hollande tiene en su programa conceder el derecho de voto a todos los extranjeros residentes y es muy posible que esta aberración se vuelva realidad. Una tal perversa intención revela al enemigo de su pueblo y al traidor, en este caso francés, pero ciertamente no nos faltan en casa sujetos de esta calaña y fuerzas que tienen en su agenda proyectos similares.

Se nota que tienen prisa por convertir a los europeos en minoría. Quizás les preocupa el avance de los movimientos nacionalistas e identitarios y no les basta ya el proceso de colonización demográfica a través de la naturalización masiva. Ésta requiere unos tiempos naturales, generacionales, que ya no satisfacen a los enemigos de Europa porque tienen miedo de que los europeos despierten.

Exigiendo que todos los extranjeros puedan votar quieren desactivar esta posibilidad, neutralizar este peligro que para ellos es la peor pesadilla. Quieren que los europeos pierdan el derecho a decidir, que lleguen a ser extranjeros en su propia casa, porque así cuando finalmente despierten será demasiado tarde.

El autor de estas líneas en cambio cree en la posibilidad de tal despertar, espera de corazón que la peor pesadilla de esta gentuza se realice y que un día se les obligue a responder por lo que están haciendo.

Y para lograr este despertar es fundamental que se empiece a comprender que las cosas no suceden porque sí o de manera inocente, sino que existe una guerra en toda regla, oculta y larvada, contra Europa y los europeos. Campaña llevada a cabo de forma consciente por fuerzas hostiles que odian nuestra identidad y nuestra historia, por idiotas útiles que de forma inconsciente apoyan a los primeros, llenos de ingenuidad y buenismo que ellos llaman valores. Y finalmente la masa de quienes no tienen ningún tipo de ideología y se compran fácilmente con un saco de monedas, gente cuyos intereses e inquietudes comienzan y terminan con ellos mismos. Lo demás les da exactamente igual.

Otro de los aspectos de esta guerra contra Europa es la campaña para erradicar el cristianismo, para que los símbolos cristianos y las referencias a la religión cristiana en el ámbito público sean ocultadas todo lo posible si no directamente abolidas. Es el llamado laicismo que pretende en realidad que los cristianos se escondan, que no proclamen que lo son y que no muestren sus símbolos, que se limiten a vivir su creencia en privado y en la intimidad de sus casas. Al lector atento seguramente le vendrán a la cabeza múltiples ejemplos, además de que hemos tenido una indigestión de laicismo agresivo durante el septenio negro de Zapatero. Pero como escribía antes la campaña anticristiana no es exclusiva de la “izquierda” porque verdaderamente es la misma atmósfera que respiramos y la política que los poderes públicos llevan a cabo sistemáticamente.

Aquí hay que precisar un poco. La tradición y la identidad  europeas son algo más que el cristianismo. Existen unas raíces y una base, racial y espiritual, que se extienden bastante más atrás, en el mundo clásico grecorromano y antes aún en el substrato indoeuropeo de aquel mundo. No sólo Europa existía antes del cristianismo sino que se prolonga más allá de la hegemonía cristiana en el Medioevo, en los mil aspectos del desplegarse de estas raíces en la creación artística, musical, filosófica, política.

El tiempo en que Europa era sólo cristiana ha pasado y no volverá. El cristianismo no puede pretender el derecho a la exclusividad, pero es una parte de nuestra tradición y puede, debe convivir con otras maneras de entender Europa. Precisado esto, parece  bastante claro que la actual campaña contra el cristianismo hay que leerla como una parte más, fundamental, en la batalla incansable de nuestros enemigos para erradicar nuestra tradición y crear lo que es un auténtico vacío espiritual.

Vacío que lo necios interpretan como una liberación, como el inicio de una era de libertad en que el oscurantismo será sustituido por la racionalidad y el cálculo utilitario de la felicidad universal. Este es el fondo de la mentalidad progre, que quien escribe conoce perfectamente, habiendo pasado por ello hace ya muchos años y sobre todo habiendo visto la nada absoluta y el vacío espantoso que se esconde detrás de ello.

Lo vemos todos los días. Salta a los ojos la decadencia y la podredumbre de una sociedad de pequeños egos, que se creen emancipados y libres cuando en realidad han pasado a la religión bastarda del dinero, a las religiones miserables del fanatismo igualitario y de la corrección política, o a una espiritualidad New Age a buen mercado que es el equivalente del supermercado chino de todo a un euro.

Pero todos estos no son más que los sucedáneos babosos de una verdadera religión. Si los enemigos de Europa consiguen triunfar en su empeño y quitarles a los europeos su identidad, el vacío de que hablaba y que requiere ser colmado, a largo plazo será ocupado. No por los sucedáneos sino por una auténtica religión que tiene fuerza conquistadora, el Islam, que se pasa por la entrepierna la laicidad y las pajas mentales de los intelectuales europeos progres y laicistas.

Y aquí es donde la campaña para la colonización étnica con la que comenzó este escrito se salda con la campaña para la destrucción  espiritual. Ambos frentes se unen en un esfuerzo convergente por parte de los enemigos de Europa.

El momento es decisivo y por tanto la neutralidad, el quedarse mirando desde la ventana, el refugiarse en una torre de marfil, es impensable. Este es el momento de luchar y defender nuestro mundo contra la escoria que quiere destruirlo.

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