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Decadencia del cine y manipulación mediática

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Todo este aluvión de subproductos en realidad genera un beneficio muy escaso, que su verdadero objeto es, además de rellenar la programación, principalmente la manipulación y la domesticación de la opinión pública; la difusión de ideas, actitudes, el apoyo a la ingeniería social en pocas palabras.

Veo poco la televisión y aún menos el cine, porque realmente tengo pocas ganas de pasar un mal rato con lo que produce la industria del entretenimiento. Las superproducciones de Hollywood en particular me resultan más insoportables con cada año que pasa. Y cuando hay algo decente, normalmente películas viejas, maldita la gana que tengo de que me las corten e interrumpan con publicidad, estropeando cualquier gusto que uno pueda sacar con la vulgaridad irredimible de la publicidad.

Ciertamente la calidad de las películas, de las historias, de los actores, la creatividad en el ámbito del cine, todo ha ido a peor con los años; todo emana un tufillo de pobreza y de refrito cien veces, como la comida en mal estado que se intenta enmascarar con especias fuertes.

Sexo, sangre, vísceras, efectos especiales… una película de las buenas en los años cuarenta o cincuenta podía tener infinitamente más suspense, erotismo, sentido de lo maravilloso y lo sorprendente que todas las producciones de estos imbéciles que no saben hacer más que casquería filmada, pornografía blanda, computer graphics y guiones pestilentes, estúpidos e infantiles para retrasados mentales.

El caso del cine de ciencia ficción es ejemplar. Siendo aficionado al género desde la adolescencia, conozco la gran cantidad de excelentes obras que existen, muchas de ellas perfectamente capaces de dar lugar a muy buenas películas, historias inteligentes y originales con espesor. En cambio vemos siempre infumables subproductos, siempre las mismas cansinas historias, burdas y ridículas y repetitivas. En general esto vale para todos los géneros; existe una gran cantidad de obras excelentes y adaptables pero los guiones se encuentran siempre en manos de la misma mafia, que no sólo aplica una censura ideológica férrea sino que activamente bloquea toda auténtica creatividad.

Y volviendo al cine comercial, lo único que vemos es mucho efecto especial, mucho ordenador, mucha truculencia y sexo para enganchar al espectador. Antes se conseguía atraer de esta manera sólo al espectador más cafre y primitivo; en general el público europeo miraba por encima del hombro a estas americanadas (que no han sido siempre tales, porque hubo también una época en la que del cine americano salían películas dignas). A pesar de todo se conservaba un gusto diferente y de mayor nivel.

Hoy la industria de Hollywood ha vencido en toda la línea: ha conseguido pervertir el gusto del público completamente, hasta la médula; ha modelado y formado a su imagen las mentes para que asuman la forma de retretes, porque eso es lo que produce hoy la industria del cine.

Siempre a peor y cada vez más, en un proceso acelerado de degeneración de lo que una vez se llamó el séptimo arte, hoy cada vez mas simplista e infantil.

Personalmente, algunas cosas las he odiado desde siempre en esta industria, empezando por el tufillo a manipulación que emana desde siempre de Hollywood. Debía tener ya de adolescente un instinto que me advertía de ello, porque en las películas de guerra quería siempre que ganaran los alemanes y los japoneses. Por tanto (obviamente) terminaba siempre cabreado y decepcionado. No era tanto el identificarse con un bando pues no tenía una posición política o histórica definida, sino un rechazo instintivo contra la vulgar manipulación de la verdad, la facilonería, un rechazo casi estomacal a que me dieran de comer con la cuchara una moralina prefabricada.

Estas cosas ya las adivinaba e intuía de alguna manera aunque tuviera quince años; pero no pudiendo formular en aquella época de manera precisa las ideas, simplemente deseaba que ganaran los malos. Ya entonces me resultaba irritante dividir el mundo en buenos y malos y el moralismo baboso de los buenos lo encontraba simplemente ofensivo, con su hedor a mentira que se adivinaba a kilómetros.

Esta actitud la he mantenido con el tiempo y por otra parte el cine se ha vuelto cada vez más insoportable y moralista. Por lo menos el cine mainstream, porque a pesar de todo ha habido quien ha intentado seguir haciendo buen cine; sólo que la gran promoción comercial, que determina lo que la mayor parte de la gente ve y conoce, se focaliza en la bazofia. Así lo quiere el poder del dinero y los amos de Hollywood, que son por así decir uña y carne.

Si el cine comercial, cuyo prototipo es el americano, es veloz, superficial y pueril, el de otro tipo, europeo o de otros lugares, cae fácilmente en el bodrio de autor: en la bazofia infumable de los inútiles y los pseudoartistas subvencionados, de los que tantos tenemos en España y a quienes bien conocemos.

En el cine pasa lo mismo que con la cultura y el arte en general: la alternativa que nos ofrece el sistema es entre una cultura de masas vulgar y miserable -no una cultura popular, que es algo muy distinto- y la estafa del arte contemporáneo. En el cine nos dan a elegir entre productos fabricados, comerciales que no son cine sino una inversión económica, y por otra parte basura pretenciosa que deberíamos considerar arte porque unos payasos que viven del cuento nos dicen que lo es.

No hay que olvidar, profundizando en este tema, todo el mundo de series y películas específicas para la televisión, a menudo poco más que un contenedor para colocar publicidad. Ésta, la publicidad, es el auténtico producto que se quiere vender y el programa sirve sólo para enganchar a la gente.

Muchos de estos productos de categoría inferior, la bazofia dentro de la bazofia, ni siquiera tienen una verdadera justificación económica, o al menos ésta es mi sospecha porque ciertamente no conozco las cuentas de las grandes productoras. Pero me parece una sospecha legítima, pensar que todo este aluvión de subproductos en realidad genera un beneficio muy escaso, que su verdadero objeto es, además de rellenar la programación, principalmente la manipulación y la domesticación de la opinión pública; la difusión de ideas, actitudes, el apoyo a la ingeniería social en pocas palabras.

En efecto, si vamos a ver en lo concreto qué es lo que difunden y fomentan estos subproductos, lo que vemos es una labor infame de fomento de la decadencia y disolución, en línea con los proyectos de quienes manejan la política detrás del escenario.

Es inevitable que así sea, porque por supuesto son los mismos, los que tienen el dinero, los que poseen los medios de comunicación y los que dirigen la industria del entretenimiento. En todo comparables a los dueños del País de los Juguetes en la fábula de Pinocho, que entretienen a los niños para hacerles crecer orejas de burro y convertirlos en esclavos. Collodi, el autor de Pinocho, realmente acertó con esta metáfora. Como lo hizo en otro pasaje cuando describe a su manera y en pocos párrafos todo el engaño de la economía financiera: Pinocho entierra su dinero, convencido por unos pillos de que se multiplicará solo sin que él haga nada ni trabaje. Naturalmente el dinero no sólo no se multiplica sino que los pillos se lo quitan por la noche y lo dejan sin blanca. ¿A alguien le suena esto? Se llama economía financiera explicada a los niños.

Volviendo a la propaganda ideológica y a los mensajes ocultos en las películas y en todo el entertainment, estos mensajes están realmente por todas partes y es suficiente prestar un poco de atención. Lejos de ser simplemente un negocio y seguir criterios puramente económicos, se trata de una auténtica herramienta para modelar la opinión general y las conciencias de la masa. Más precisamente para convertir a lo que una vez fue un pueblo, diferente de los demás, con sus tradiciones y costumbres, en una masa manipulable y homologada igual en todo el planeta. Hay unas líneas comunes, evidentísimas, una concordancia fruto de acuerdos y agendas ocultas que no por ser invisibles son menos reales.

Cuando observamos por ejemplo cómo se introduce paulatinamente en la conciencia de la sociedad las aberraciones de los matrimonios y las adopciones homosexuales, con cautela al principio y luego más explícitamente, nos damos cuenta de que hay un plan preparado de antemano, para que la sociedad vaya aceptando como normalidad todo esto. Se dosifica cuidadosamente en el tiempo y en los países para que no haya un rechazo, para ir envenenando poco a poco la sociedad y formar la opinión pública para que acepte como naturales las pretensiones aberrantes de estas minorías. Luego viene la política y saca las leyes, que a este punto tienen la aprobación de una gran parte de la población, ya trabajada previamente.

Esto se repite en todos los ámbitos. En la ridiculización de la familia tradicional y la figura del padre, en la continua propaganda antimasculina, en el descrédito de cualquier valor y criterio que se oponga a la disolución de la personalidad. En la presencia constante y obligada de esas insoportables mujeres guerreras, que aparecen por todas partes. Uno se pasa la película deseando que les vuelen la cabeza de una maldita vez, pero desgraciadamente nunca sucede. El cine de Hollywood nos las mete hasta en la sopa y sin venir a cuento, en todas las películas de acción, evidentemente siguiendo una línea intencionada de propaganda y obedeciendo a directivas bien precisas.

Continua es la propaganda del modelo de vida banalizante de la sociedad actual, la falsificación del pasado y la exaltación del dios dinero, la denigración de cualquier modelo de vida, criterio o idea que eleve al hombre y le haga fuerte. Sistemática la exaltación de lo bajo y abyecto, de lo que haga al ser humano más manipulable y dócil.

Convertirnos en una masa manipulada y dócil, en efecto, es lo que quieren quienes controlan los medios de comunicación y la industria del entretenimiento. Para ello necesitan también degradarnos y arrastrarnos en el fango donde ellos viven. Para comprenderlo, repito, basta analizar lo que producen, que no es ni casual ni inocente.

La evidencia clarísima de líneas y directivas comunes, constantes, de una labor metódica y consciente, no deja lugar a dudas. Lo que fomentan y difunden los maestros de los medios con su basura, no sólo es pernicioso e infame sino que lo hacen deliberadamente y con pleno conocimiento de causa.

 

Enemigos de todo lo que es noble y elevado, amigos de la degradación, de lo bajo y de lo abyecto. Enemigos del hombre. Estos son los maestros de los mass-media, los que han matado el arte del cine y lo han transformado en una herramienta de manipulación, control mental y envilecimiento humano.

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