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El hombre en la arena

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El otro día mientras me duchaba me acordé de todos aquellos cuyo mayor mérito en esta vida es el de ser meros espectadores y críticos.

Me acordé de todos aquellos que sin haber hecho nada para merecerlo se creen con el derecho juagar. Estos sabios de salón y de sofá, de facebooks y de twenties, que lo único que harán hasta el fin de sus días será comentar cómo habría sido mejor hacer las cosas, o las cosas que podrían haberse hecho y no se hicieron. O mejor dicho, cómo habría sido mejor que otros hicieran las cosas, o las cosas que otros podrían haber hecho.

Y tras pensar en esto decidí que no volveré a aguantar las críticas de nadie que no se haya ganado el derecho a hacerlas.

Y este derecho sólo se gana, como dice el discurso de "El hombre en la arena", manchándose de polvo, sudor y sangre, y bajando a dar la cara allí donde las personas comprometidas, con mayor o menor acierto, combatimos por lo que creemos.

De hoy en adelante sólo escucharé y respetaré a aquel que haya tenido el valor de bajar a la arena a combatir a mi lado.