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Los aforrados

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El otro día mientras me duchaba estaba, una vez más, de bastante mal humor pensando en nuestros numerosos e improductivos políticos.

Porque además de los privilegios laborales y económicos conocidos por todos, los señores parlamentarios disfrutan de otro privilegio del que nadie quiere hablar: el AFORAMIENTO.

El aforamiento es un  estatus jurídico que proporciona a estos personajes dos privilegios no concedidos al resto de los ciudadanos: inviolabilidad e inmunidad.

Gracias a la inviolabilidad nuestros parlamentarios se pueden permitir el lujo de decir lo que quieran, dentro del Parlamento, sin temor a ninguna consecuencia legal. Total, pa ná. Porque para no decir nada o decir tonterías maldita la falta que les hace la inviolabilidad de marras.

Y luego tenemos la inmunidad, una protección especial contra detenciones y procesos judiciales. Y aquí sí que nuestros políticos le sacan un buen rendimiento al estatus de aforado, y es que sospecho que la mayoría de ellos han confundido el aforarse con ¡A FORRARSEEEEEE!

Y así nos va.