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Reinserción, reincidencia y multirreincidencia

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En Febrero de 2010 AKAIP (sindicato mayoritario entre los funcionarios de prisiones) elaboró un informe demoledor:

La población reclusa española era de alrededor de 77.000 presos. De éstos, 26.000 eran extranjeros (el 35%). LA TASA DE REINCIDENCIA DELICTIVA ERA DEL 55%. Los cerca de 100 centros penitenciarios se encuentran atestados de delincuentes con enfermedades tales como SIDA, HEPATITIS, TUBERCULOSIS, DROGODEPENDENCIA, etc.

El 30% de los delitos que han llevado a estos reclusos a la cárcel son “contra la salud pública” (drogas); el 50% “contra el patrimonio y el orden socioeconómica” (robos, estafas, etc.); el 2% “contra la seguridad del tráfico” (alcoholemias, etc.); y el 18% se lo repartirían los delitos de “violencia de género”, “lesiones”, “fraude fiscal”, todo lo relacionado con la corrupción política, etc. La población reclusa no deja de crecer, al igual que los delitos, pero la política penitenciaria no cambia y sigue basándose en la “reinserción social” y la “reeducación”, nunca en el CASTIGO.

El artículo 25.2 de la Constitución española dice:

“Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad”.

El artículo 2 del Reglamento Penitenciario dice:

La actividad penitenciaria tiene como fin primordial la reeducación y reinserción social de los sentenciados a penas y medidas de seguridad privativas de libertad, así como la retención y custodia de los detenidos, presos y penados y la asistencia social de los internos, liberados y de sus familiares”.

¿Qué hecho es significativo dentro de este marasmo delincuencial?: la REINCIDENCIA y la MULTIRREINCIDENCIA. Como hemos visto más arriba, EL 55% DE LOS DELITOS SE COMETEN DE MANERA REINCIDENTE O MULTIRREINCIDENTE.

En un sentido amplio, la reincidencia consistiría en la comisión de un nuevo delito cuando previamente ya se ha cometido otro y otros, por los que ya ha sido condenado.

Los romanos llamaron a esto “consuetudo delinquendi”, o delincuencia habitual que demostraba que el reo aparecía como incorregible.

Veamos qué tratamiento da nuestro Código Penal a estas circunstancias:

Artículo 22-8

“Hay REINCIDENCIA cuando, al delinquir, el culpable haya sido condenado ejecutoriamente por un delito comprendido en el mismo título de este Código, siempre que sea de la misma naturaleza”.

En este caso al reo se le aplicaría, como agravante, una pena no inferior, dentro del máximo y mínimo marcado por el Código Penal. Pero no pensemos que ser reincidente es tan fácil. Pongamos el caso de un homicida condenado por sentencia firme, que no habiendo cancelado este antecedente, es detenido y condenado por un caso de “violencia doméstica”; y que al poco tiempo es detenido y condenado por un “robo con violencia”; ¿le sería de aplicación la agravante por reincidencia? NO. Todos esos delitos, y para que nos entendamos, no son de la misma “familia”, de la misma clase. Por lo tanto no se podría contemplar el agravante de reincidencia.

Artículo 66-1-5-1 (modificado por la Ley Orgánica 11/2003, de 29 de septiembre, de medidas concretas en materia de seguridad ciudadana, violencia doméstica e integración social de los extranjeros):

“En la aplicación de la pena, tratándose de delitos dolosos, los Jueces o Tribunales observarán, según haya o no circunstancias atenuantes o agravantes, las siguientes reglas:

Cuando concurra la circunstancia agravante de reincidencia (hablaríamos ya de MULTIREINCIDENCIA) con la cualificación de que el culpable al delinquir hubiera sido condenado ejecutoriamente, al menos, por tres delitos comprendidos en el mismo título de este Código, siempre que sean de la misma naturaleza […..]”

Las conclusiones son claras. Las políticas de las segundas, terceras, cuartas, etc. oportunidades dan como consecuencia una sensación de impunidad que lleva al “delincuente profesional” a no abandonar ese modus vivendi, por no encontrar una respuesta judicial contundente.

En un lenguaje más de calle, esto se podría traducir con esas frases que todos hemos escuchado:

“Entran por una puerta y salen por la otra”; “Salen antes que los policías”