El estado sindical
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El estado sindical

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st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman","serif";} Sí, leéis bien, titulo este artículo “El estado sindical” mas no por ello busquéis similitudes con aquel de la canción falangista, -ya me gustaría a mí- sino con el estado propiamente definido como circunstancia, como forma de ser o permanecer. ¿Cómo está “lo sindical”? sería la pregunta, y mi respuesta viene plasmada en estas líneas que os hago llegar a través de nuestra revista; respuesta que no es sino otra cosa que mi opinión personal, acompañada de ejemplos y datos. Bueno, y no sólo el estado de cosas de lo sindical, sino del “estado paralelo” que conforman los dos sindicatos mayoritarios de este país, con sus pugnas de poder, amiguismos, francachelas… Creedme que hablo con conocimiento de causa. Mi afiliación a la USOCV y el ejercicio de miembro del comité de empresa con dichas siglas, me ha hecho conocer de cerca el mundillo sindical y por odiosa comparación, apreciar lo que es verdadera libertad sindical, contra el recto e inamovible “espíritu sindical” que reina en los mal llamados sindicatos representativos.

Este es, más de lo que parece, un tema de la actualidad española, pues por sus amplias implicaciones sociales afecta, y gravemente, al devenir cotidiano de millones de ciudadanos y trabajadores de nuestro país. El anquilosado “estado sindical” paralelo al estado civil y simbiótico con éste, que sufrimos en nuestras carnes los trabajadores españoles, pues afiliados o no, estos señores negocian y firman con el Poder acuerdos y convenios POR TODOS cuando apenas un 15% de los trabajadores españoles está afiliado a un sindicato, uno de los porcentajes más bajos de la Unión Europea (UE). Únicamente Estonia, Francia y Letonia registran tasas de sindicación más bajas (por debajo del 10%), mientras que Suecia, Dinamarca y Finlandia encabezan la clasificación con cifras cercanas al 70%, según un estudio publicado por la Comisión Europea (CE).

Dicho estudio explica que esta situación de baja afiliación en España es causada por la “alta temporalidad y por la falta de una tradición sindical”, según estas fuentes comunitarias. Poco han profundizados tales fuentes, y aun así su opinión expone bastante el panorama laboral español; “alta temporalidad” dicen en su estudio, esto en el 2011, sin haber aplicado la reforma laboral ya en vigor y que nos deja a los trabajadores indefensos ante los vaivenes de la bolsa -las empresas que cotizan- o de los balances anuales, sin que NADA MÁS valga para hacer valer nuestro derecho a mantener el puesto de trabajo. Apunta también a “la falta de tradición sindical”, y apunta bien, aunque el culpable de esto no es del todo el poder político, sino mayormente el propio sindicato que vive de las subvenciones que recibe directamente de los presupuestos del Estado. ¿Qué sindicato busca afiliados cuando no vive de sus cuotas, sino de las subvenciones por cursos de formación?...pues eso, NINGUNO, la lucha reside en “quitar” afiliados al sindicato rival, por ejemplo, ofreciéndole cursos de formación gratuitos que PAGAMOS TODOS -apréciese la paradoja-. La rivalidad entre sindicatos, que no aparece muchas veces de cara al gran público; dura, correosa, traicionera, no pugna por mejorar la representatividad del obrero, sino por representar A MÁS OBREROS que el otro sindicato… como veis, siempre cabeza de ratón… y así nos va a los trabajadores. La lucha sindical por el poder en la empresa perjudica al trabajador; la lucha sindical por la representatividad del obrero ante el poder también perjudica al trabajador; eso no se aprecia desde la poltrona del mandamás del sindicato, éste generalmente procura mover los hilos de manera que su sillón no lo toque nadie, poco más le importa, y así, el poder sindical se abona a la mamandurria dentro de la empresa, y por ende al “bienestar” que le aporta papá Estado. Cada vez menos combativo, cada vez menos representativo, sale a la calle a defender postulados de los que no participa, en los que no cree (a la vista está, cuando aplican a sus trabajadores la reforma laboral contra la que luchan). No sirve sólo levantar el puño y cantar la internacional; dejando al lado la cancioncita de marras, si no se deja caer el puño sobre la mesa, el levantarlo queda sólo en eso, en un gesto para la foto. Y éstos no tienen ni fuerzas ni redaños para dejarlo caer. A las mesas de negociación de los convenios se sientan DESDE HACE AÑOS los mismos “líderes” sindicales, año tras año, convenio tras convenio, se firman y se arreglan acuerdos de gran envergadura cuyas consecuencias influyen tanto en el panorama laboral español; parafraseando a Churchill diré aquello de “nunca tantos debieron a tan pocos”. Así es, sindicatos con poca representación que se abrogan “el peso” de una negociación sindical cuanto menos tendenciosa. En representación de sus pocos afiliados logran acuerdos que afectan a muchos, defendiendo -dicen- los derechos de todos los trabajadores. Eso está por ver. Las movilizaciones masivas que como “demostración de fuerza” acostumbran a hacer, casi siempre contra “la derechona”, nunca -o casi nunca- contra los izquierdosos, mueven tanta más gente entre el entorno “progre” que afiliados sindicales, por lo que tienen más de “manifa antisistema” que de protesta obrera. Trasnochadas banderas republicanas o comunistas ondean al cielo, en una demostración banal de “color rojo” bien adobada de puños alzados; como dice la canción: “teatro…lo tuyo es puro teatro”… El obrero agoniza y ellos escenifican “la machada” de la “manifestación multitudinaria”… sería patético sino hiciese tanto daño al (verdadero) estado de derecho.

Hablando de nuevo sobre los números del “tantoporciento”, cabe exponer que en todo caso, Bruselas alerta de que estas cifras deben interpretarse con precaución porque en algunos países, como en Francia, el apoyo a los sindicatos en las elecciones profesionales es mucho más alto de lo que indican las cifras de afiliación. Dato muy importante a tener en cuenta. Eso quiere decir que los trabajadores franceses NO AFILIADOS participan de la vida sindical de su empresa. En España no sucede esto, ¿por qué? Muy fácil: votan los afiliados o simpatizantes de tu sindicato, los demás trabajadores, simplemente pasan, no les convence ningún sindicato, porque estos no buscan darse a conocer al trabajador -o se dan a conocer poco o mal- o porque NADIE, NUNCA de ningún sindicato ha ido a exponerle las líneas de trabajo de sus reclamaciones en la negociación con la empresa… ¿tal vez porque no las tenga?... Por lo visto en Francia no sucede así, pues tal y como nos dice el estudio los trabajadores no afiliados SÍ apoyan o votan a los sindicatos que se presentan a las elecciones en su empresa; algún sindicalista que SÍ informa o trabaja a su electorado tiene la “culpa” de esto, está claro, señal de que LES IMPORTAN no solo sus afiliados, sino también todos los trabajadores... eso dicen las estadísticas.

Otro de los datos que revela el informe de Bruselas es la brecha que existe en España entre las filiaciones de los trabajadores indefinidos (el 20% pertenece a un sindicato) y los temporales (no llegan al 10%), una de las mayores diferencias en toda la UE. Otra notita en contra de los sindicatos: parece que se preocupan o buscan la filiación del trabajador “seguro”, sin importarles mucho el más indefenso trabajador temporal. Cosas de nuestros “progres” sindicatos. Es lo que hay.

Según el estudio de la CE, cerca del 90% de los trabajadores españoles está cubierto por un convenio colectivo, frente a alrededor del 60% de media en la UE. Un total de nueve de cada 10 trabajadores españoles, cubiertos por convenios colectivos sectoriales. Los estados comunitarios con mayor cobertura de convenios colectivos entre 2007 y 2009 fueron Austria y Bélgica -vieja Europa- con porcentajes cercanos al 100%, mientras que los que registraron menos fueron Lituania y Eslovenia -antiguos comunistas- donde no se llegó al 25%. Se nota que el dato viene de ANTES de la aplicación de la reforma laboral. La tendencia actual es permitir a las empresas que se “descuelguen” de los convenios aduciendo alguna de las causas que la reforma les permite para ello, sobre todas la más sangrante es “la disminución de beneficios”, con algunas limitaciones, claro está, pero permitido por tan “sabrosa y socorrida” causa. El convenio colectivo, que establece básicas condiciones laborales a nivel sectorial y que, por encima del más básico Estatuto de los Trabajadores, procura adecuar las condiciones de trabajo de cada sector a la realidad laboral existente, es una herramienta de trabajo fundamental en la defensa de las garantías laborales y salariales de los trabajadores españoles y el “descuelgue” de las empresas de los mismos que permite la actual ley, sólo puede redundar en perjuicio de los derechos de los trabajadores y del empeoramiento de su situación laboral dentro de las empresas. Los sustitutos de éstos, que la tétrica ley también ampara, los llamados “convenios de empresa”, permitirán negociar a la empresas condiciones ”a su medida” con sus empleados, sin más garantía para el obrero que el básico y elemental estatuto de los trabajadores; por supuesto, estos convenios NO SERÁN salarialmente tan “espléndidos” con el obrero, y sus beneficios laborales se verán también mermados en la medida en que cada empresa propone con total libertad “SU” convenio, y si sus condiciones no te gustan… ya sabes… ajo y agua. INCREIBLE pero cierto: otra cosa en la que nos están aplicando el “nivel europeo”, como siempre, en nuestro “beneficio”… ¿verdad? Otra frase para que anotéis: TODOS los convenios colectivos cerrados en 2011 al 2013 se han negociado “a la baja”, es decir, con sensible disminución de emolumentos y derechos para el trabajador y un aumento de las exigencias empresariales.

Y así le va al “mundo sindical” en el conjunto de la UE, -en eso sÍ vamos a la par que el resto de países de Europa- la tasa de afiliación sindical ha caído desde un 27,8% en 2000 hasta un 23,4% en 2008. En España, el número de afiliados a los sindicatos se ha reducido dos puntos entre 2000 y 2008. (No lo dice el estudio, os lo anoto yo: más o menos, del 17 al 15%). Por esa razón, según el informe, el reto actual de los sindicatos españoles es atraer a los inmigrantes. (¡¡¡¡) "Un desafío particular de los sindicatos es reclutar al creciente número de inmigrantes y autónomos. Los inmigrantes, muchos procedentes de fuera de Europa, son un gran reto para los sindicatos en Malta, España e Italia", señala el documento. Maldita la gracia, ¿eh?, o sea que, pese a que el grueso de trabajadores de este país de pandereta sigue siendo nativo, el “consejo” del organismo europeo es que los sindicatos de Italia, España y Malta busque sus nuevos afiliados entre ¡¡¡los inmigrantes!!!... Patético sino fuera cierto. Cabría calificar por lo menos de tendenciosa la fijación que tienen los “organismos” de la U.E. en los inmigrantes; hay que allanarles el camino para que entren y que nos invadan bien invadidos, y además, una vez dentro “bien afiliaos”. ESPECTACULAR cuando menos es la propuesta, cuando, a buen entendedor, se le aparece que la estrategia sindical de afiliación debe empezar, primeramente por procurar afiliar a los trabajadores del país, a los que ya están trabajando aquí, y a la mano de obra emigrante, asesorarla, procurando defender sus derechos de modo que no la estafen, en perjuicio de las condiciones laborales del trabajador español; como viene siendo habitual para mayor gloria de las empresas que los contratan.
En lo referente a la otra parte de esta cuestión, a las empresas, tres de cada cuatro de las españolas pertenecen a alguna patronal, sea cual sea el sector productivo, frente a menos del 60% de media comunitaria. Los países con mayor número de empresas afiliadas a una organización patronal son Austria (donde es obligatorio), Suecia y Holanda, mientras que en el extremo contrario de la clasificación se sitúan dos países de la antigua órbita soviética: Polonia y Lituania (20%). Anoto el dato porque las empresas SÍ SE UNEN para defender sus intereses ante el Estado, -o ante los trabajadores- saben que en la unión está la fuerza y no dudan en fortalecerse. Las empresas sí buscan unidad de acción para sus reclamaciones y para lo que consideran la defensa de sus derechos; y esto es legítimo. Un 75% de las empresas organizadas en patronales es mucho, y da mucha fuerza a sus reivindicaciones y a sus posturas de cara a una negociación en el ámbito que sea, laboral o estatal.

Es penoso que, con un “enemigo” así de concienciado y fuerte, en “el otro lado” quienes tienen que defender a la parte social rondan el esperpento, cuando no el ridículo; más doloroso aún cuando los analistas que realizan el informe de la C.E. ponen de relieve la importancia del diálogo social en la búsqueda de respuestas a la crisis. Así, según fuentes europeas, la industria del automóvil y la manufacturera han sido las que, gracias a los acuerdos entre los interlocutores sociales, han soportado mejor el impacto de la crisis en términos de mantenimiento del empleo. Dicho sea de paso, coincide en España con los sectores más sindicalizados. En esa misma línea, el comisario europeo de Asuntos Sociales e Inclusión, Laszlo Andor, ha indicado en un comunicado que "los Estados miembros que mejor están superando la crisis son aquellos en los que el diálogo social es más sólido". Soy de la opinión que el dialogo social, con estos sindicatos, es impensable, y si tiene lugar se da en condiciones de franca desventaja negociadora para la parte del trabajador. Unos sindicatos con baja representación entre el total de los trabajadores, que cobran subvenciones del Estado y viven de ellas, alejados de la realidad social por unas estructuras de funcionamiento obsoletas y anquilosadas, que despiertan un interés entre la masa social casi nulo; vienen abocados a negociar únicamente el fracaso. Y esto también sucede en Europa, aunque por otros motivos: en cinco Estados miembros, el diálogo fracasó, como ocurrió en España con la reforma laboral: Hungría, Irlanda, Luxemburgo, Eslovenia y Finlandia.

Otro mundo sindical necesitamos los nacionales en España, unos sindicatos comprometidos con la sociedad, en defensa de los intereses del trabajador; menos politizados, más independientes; menos anquilosados, más abiertos; menos condescendientes, más comprometidos. Todo ello es evidente que NO le interesa a un Estado como el nuestro, que vive en el cómodo bipartidismo y que prefiere pagar el pontazgo de las “subvenciones” a tener verdaderos sindicatos representativos enfrente. Lo pagamos TODOS, el precio de nuestra libertad y de la defensa de nuestros derechos como trabajadores, viene dado por las trece monedas de las “ayudas a la formación”…Esto es lo que tenemos y no nos gusta. LUCHAR por cambiar esto y subvertir el podrido orden establecido debe es nuestra meta; también en lo sindical. Las justas relaciones entre empresa y trabajador, y entre éste y el Estado deben venir articuladas por unos verdaderos sindicatos representativos, libres y comprometidos en la defensa del trabajador; todo lo que no sea esto, es mero entretenimiento.

PEDES IN TERRA AD SIDERA VISUS

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